Los hombres pasan… y el poder se queda

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Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista/ El columnista Andi Miróm, escribió esto “La soledad del poder es la forma en que el pueblo le dice a los gobernantes que no pueden hacer lo que les da la gana. Lo que pasa es que hay gobernantes que nunca han entendido este mensaje del pueblo”.

¿Muchos se preguntarán cómo será la vida de un expresidente…?  Cuando deja la Casa de Nariño, Juan Manuel Santos Calderón a su sucesor, Iván Duque Márquez, después de gobernar por ocho años; los fantasmas y los recuerdos rondaran por esa casa y en cada rincón en la soledad del poder, se escucharan ruidos. Algunos por las creencias de espíritus, se contratarán los chamanes o expertos en la limpieza de las malas energías que pasaron por allí, para dejar sus rezos, los exorcismos y el Feng Shui, esa filosofía China, taoísta de los espacios. Utilizada en la sociedad de clase alta, en este caso de un nuevo Presidente de Colombia, que ocupará “La casa amarilla”,  tendrá que llenarla de energía positiva de dentro a fuera.

El domingo 5 de agosto a dos días de dejar su gobierno, el Presidente, Juan Manuel Santos, regresó en una visita con su hijo menor, una comitiva a la Sierra Nevada de Santa Marta, santuario de las autoridades espirituales y cabildos de los pueblos koguis, arhuacos, kankuamos y wiwas, para entregar el símbolo de mando y los valores de equilibrio con la naturaleza, que le fue entregado hace ocho años.

El bastón, hecho de madera, palma macana negra fue el simbolizó del gobierno, de los mamos, entregado para que buscara el equilibrio, con un gran significado: La paz y la naturaleza, cosas que el mandatario cumplió en la primera y en la segunda, queda a mitad de camino, porque las piedras sagradas “llamadas tumas” que son el equilibrio con la naturaleza, siguen esperando ante ese sentir porque la “pacha mama” no se siga violentando y perdiendo su equilibrio por intervención desmedida del hombre.

Las comunidades indígenas en un gesto de agradecimiento con los mamos (los sabios) y el más viejo de 104 años, entre niños, limpiaron de los malos espíritus y le regalaron el bastón de mando, como un recuerdo para que lleve ese mensaje por el mundo que los hombres se deben a la tierra, a la paz y a los valores de los espíritus ancestrales. Un aspecto que hubiera sido resaltable, en este encuentro con los indígenas. Su humildad de visitantes se hubiera despojado del calzado y usado las sandalias o descalzos pisaran esa tierra sagrada.

En otro aparte el expresidente después de esa visita, a la Sierra Nevada y con su maleta de recuerdos, cabizbajo lleno de pensamientos por una nueva etapa de su vida, rumbo a la vejez con las canas que le dejó el poder, dirá para sus adentros, ¡todo fueron paradojas! Y cada noche se tomará un whisky.

Leyendo el libro de María Jimena Duzán, sobre “ese Santos”, nieto de Eduardo Santos Montejo, Calibán, su abuelo, deja al periodista-estadista, desnudo en sus pensamientos y recuerdos de lo que hizo para firmar un acuerdo de paz y esa película que tendrá muchos críticos como contradictores, donde solo los muertos, serán los testigos de la memoria histórica como fue la guerra en Colombia durante más de 50 años y que muchos que gobernaran seguirán ciegos ante la violencia.

De ahí que el ciudadano Juan Manuel Santos, puede decir después del 7 de agosto de 2018 que dormirá tranquilo, sin  preocupaciones, solo escuchando el canto de los pájaros, el sonido de una quebrada. Esperará que repique el celular para contestarles a sus familiares y allegados, que tiene una nueva vida en su finca de Anapoima.

Fuera de allí viajará, estará entre “la resolana” en los cerros de Bogotá donde queda el Refugio la nueva mansión y su apartamento en EE.UU. despojándose de “la soledad del poder”, porque como premio nobel de la paz 2017, sus compromisos serán mayores dictando conferencias en las universidades norte americanas y europeas.

Twitter: @LuisEduardoJB1