Crisis migratoria y drogas, ¿caldo de cultivo para la trata de personas?

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Por: Sergio Marín/ A finales de julio del año pasado, se conmemoraba el Día Internacional de Lucha Contra la Trata de Personas, en un evento organizado por la Gobernación de Santander con el apoyo de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito y fue el momento ideal para suscribir, por parte del mandatario de los florideños, el Decreto de creación del Comité de Lucha en este municipio, el onceavo municipio del departamento en implementar estas estrategias de atención y prevención.

En aquella ocasión, además de las acostumbradas personalidades de nuestro territorio, mereció y merece aún especial relevancia la visita de Marcela Loaiza, una pereirana víctima de la mafia Yakuza, que con gran sentimiento nos narró su desgarradora vivencia.

Ella nos relataba cómo había sido captada bajo engaños, le entregaron dinero y un pasaporte, para ser luego víctima de trata en una de las modalidades más penosas, la explotación sexual, o más conocida como trata de blancas.

Caída en el desespero y las deudas y bajo las promesas de una gran remuneración además de las habilidades de quienes trabajan para estas organizaciones, viajó sin avisarle a sus seres queridos. Nos decía, que al llegar a Japón le esperaba una coterránea, que fue la encargada de “administrar” su cuerpo y el de otras colombianas durante todo su cautiverio, “un cautiverio sin cadenas”, hacía hincapié, pues era llevada de una esquina a otra, de un burdel a otro, ante la mirada de miles de transeúntes que desconocían que era vigilada de cerca por sujetos listos para actuar en caso de que intentara huir.

Además, manifestaba Marcela que estas organizaciones tenían pleno conocimiento de su familia, y la amenazaban con hacerle daño si no se comprometía a pagar la elevada deuda que ahora tenía por “el favor” de haber sido llevada a esas tierras.

Marcela nos comentaba que cuando ya su luz se apagaba, luego de 18 meses de abusos ininterrumpidos, logró escabullirse de dicha organización criminal, para buscar ayuda en el consulado colombiano de Tokio, donde ayudaron a regresar a Colombia y luego de múltiples luchas internas, logró seguir adelante.

Esta valiente sobreviviente, nos deja el ejemplo de lo que es luchar por la vida misma y aferrarse a la idea de una renovación del ser, hoy vive en Estados Unidos, tiene una familia, y además una Fundación con la cual ayuda  a cientos de víctimas y enseña a prevenir que las personas sean presa de estas redes que negocian con el cuerpo de otros.

Para el caso colombiano, el delito de trata de personas se encuentra tipificado en el artículo 188A y siguientes del Código Penal introducido por la Ley 985 de 2005, en el Capítulo de delitos contra la Autonomía personal y es que eso es lo que se resquebraja, lo que los criminales buscan eliminar en su víctima, que ésta abandone la idea de ser libre y de tomar sus propias decisiones, de creer que tiene una dignidad humana, que es una persona.

Es usual que el consumo de drogas esté ligado a la trata de personas en la modalidad de explotación sexual, de hecho, tienen como común denominador, además de las altas utilidades, la presencia y tentáculos en diferentes entidades, regiones y países, afectando a nuestros niños y jóvenes en mayor medida.

Esto se constata con el reporte del Observatorio de Trata del Ministerio del Interior, de los Servicios de Asistencia a Víctimas de trata en 2017, indicando que el año pasado en Colombia, el  62% de las víctimas atendidas se encontraban entre los 18 y los 30 años de edad; 14% entre los 30 y 50 años; 7% son niños, niñas y adolescentes; 3% mayores de 50 años y un 13% no registraban edad.

Según este reporte, hubo en 2017 98 víctimas directas y 61 indirectas. 69 lo fueron en la modalidad de explotación sexual, 12 en trabajos forzados, 1 de matrimonio servil, 1 en servidumbre y otros 13 casos no fueron catalogados.

Del total de casos presentados en 2017, 79 víctimas fueron llevadas al exterior, principalmente a México, China, España, Panamá, Perú, Argentina, Corea, Ecuador, Chile, entre otros; y 19 víctimas fueron trasladadas dentro de su misma ciudad o a otras latitudes del país, presentándose estos casos de trata interna en 2017 en Bogotá, Antioquia, el Eje Cafetero, el Valle, y otros departamentos, incluido Santander.

Estos casos siguen presentándose cada día, es aterrador, por ejemplo, que las últimas informaciones en el caso reciente de la menor de 3 años abandonada en un hospital de Bogotá, conducen a concluir que la niña fue igualmente  víctima de una red de trata de personas y que al parecer tenían en su poder otros niños. (Ver vídeo)

Recordemos también que en el mes de mayo, una joven de 13 años era drogada para ser explotada sexualmente, su cautiverio duró unos pocos días, ya que su papá tan pronto aquella desapareció de su colegio, emprendió una real búsqueda implacable, para finalmente rescatarla de las garras de tales viles criminales en la Localidad de Santa Fe. (Ver vídeo).

En nuestra región igualmente hemos escuchado de varias desapariciones, me llamó  mucho la atención el de una joven venezolana con rumbo a Perú, de quien se desconoce su paradero. Sabemos que ante las crisis migratorias las redes de trata son más activas y esperamos pronto se den resultados contundentes.

Así que nuevamente se avecina el 30 de julio, Día Internacional de Lucha Contra la Trata de Personas y las entidades estatales y ONG’s se preparan para adelantar actividades de prevención con más ahínco.

La invitación es a cuidar de los nuestros, a sumarnos a estos esfuerzos institucionales por evitar que más personas sean víctimas de este delito. Ya sabemos que más vale prevenir, que lamentar.

Si usted conoce de algún caso posiblemente relacionado con el delito de trata de personas, por favor comuníquese gratuitamente a la línea del Ministerio del Interior: 018000522020.

Su servidor.

Twitter: @Servidormarin