¡Qué horror por Dios!

Por: Carlos Alfaro Fonseca/ En Colombia la labor de los tribunales constitucionales y de las salas encargadas de esa función en las cortes supremas, es defender, cuando no crear, los mecanismos de protección de los derechos básicos de los individuos frente al poder de los Estados. Esa es la esencia detrás de figuras tan revolucionarias y queridas para los colombianos como la acción de tutela.

Las decisiones de la Corte parecen lejanas e incomprensibles frente a la realidad de las ciudades colombianas, inundadas de ollas y narcotraficantes al acecho de nuestros niños y jóvenes. Pero mucho va del ideal normativo a las situaciones reales en las calles y espacios públicos día a día; ejemplo una familia en una tarde en un aparque o espacio público limitado a esa actividad.

Pero otra cosa muy distinta significan las decenas de combos o parches de muchachos de rumba con trago, o metiendo droga en el mismo espacio en que los niños van a jugar. Los derechos a la libre personalidad de los chirretes con visto bueno de la corte. Con ese hipócrita cuento de libre desarrollo de personalidad de las ideas liberales progresistas y otras frases bonitas están destruyendo al país.

Son una de las estrategias de la izquierda en el mundo: Generar caos y destrucción para luego presentarse como los salvadores del país. Para los togados los derechos individuales priman sobre los colectivos, no se puede entender de otra manera el fallo, a pesar de la investidura y solvencia doctrinal manifiesta en sus entrevistas, quedan claras sus interpretaciones contrarias al bienestar colectivo y por esa vía van sus contradictorias decisiones.

La libre interpretación del artículo 16 de norma de normas es muy equivocada, no consagra, señores magistrados  un derecho absoluto, porque señala como límites a la autonomía personal «los derechos de los demás y el orden jurídico». Una muy equivocada providencia, que ocasionará mucho daño a la sociedad, estimulará no solo el consumo de sustancias nocivas sino el micro tráfico de estupefacientes y contribuirá a la corrupción, con grave daño para las familias y los niños, que, según el artículo 44 de la constitución, deberían ser especialmente protegidos por las autoridades.

Ninguna de estas reglas constitucionales no son tenidas en cuenta por la Corte Constitucional en este controvertido fallo. El simple consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas no implica necesariamente un riesgo o amenaza; los casos en que exista vulneraciones a la tranquilidad, las relaciones respetuosas y el espacio público y es especial el ocupado por menores de edad.

La realidad muestra que el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas en espacios públicos pone en riesgo la convivencia pacífica y la tranquilidad. En varios de los países con mayores índices de protección de derechos humanos y calidad de vida está, de tajo, prohibido o restringido el consumo de alcohol en sitios públicos, mucho más en aquellos donde hay presencia de niños o escolares y con más razón el consumo de drogas psicoactivas.

Son muchos los casos de homicidios, lesiones personales y otras formas de violencia ocurridos ocasionados en espacios públicos por personas bajo el influjo del alcohol y las drogas. La corte prefirió defender a los consumidores, y de paso el negocio de quienes les venden alcohol y drogas, que proteger a los niños que, en adelante, no solo quedarán expuestos a ver gente emborrachándose y drogándose y a sufrir los riesgos que suponen personas en tal estado, sino que serán presas fáciles de bandas de micro traficantes que, ya lo están haciendo, esconden su actividad delictiva bajo la excusa de que solo portan una dosis mínima de consumo personal.

Esto resulta inadmisible para cualquier padre de familia e incluso para muchos consumidores sensatos. Tomada la decisión, habrá que esperar que el Estado encuentre las alternativas jurídicas para proteger la tranquilidad ciudadana y, sobre todo, combatir las mafias del micro tráfico, que tan bien hayan aprovechado los resquicios legales abiertos por algunos fallos judiciales sobre el porte y consumo de drogas; que no es lo mismo legislar y hacer jurisprudencia para Dinamarca que para Cundinamarca.

Kant nos recuerda que “cada uno tiene derecho buscar su felicidad por el camino que le parezca bueno, con tal que al aspirar a semejante fin no perjudique a la libertad de los demás”; por tanto en Kant el individuo es competente para conocer su propio bien y ahí es donde radica la libertad aun cuando la libertad es solo un instrumento de la felicidad a diferencia ser un valor autónomo.

La visión opuesta es la planteada por Platón que será la presente en los llamados ultra liberales que sitúan a la libertad como valor supremo, mientras que los demás quedan subordinados; esta teoría consiste en admitir la existencia de unos derechos naturales sobre los cuales el individuo puede disponer y utilizar libremente y cualquier decisión del individuo se vería justificada como uso de la libertad mismo.

Ojalá el mismísimo diablo tenga a Carlos Gaviria Díaz en la paila gocha. Definitivamente estamos en la dictadura de los jueces.

Correo: carlosalfaroabg@hotmail.com

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password