Reflexión: El amor, la ley y el gobierno

Por: Jaime Iván Restrepo Gómez/ «No os conformeis a este siglo, sino transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta»: Rom. 12:2

Aunque Pablo quería cambiarles a los romanos sus falsas ideas acerca de la ley, también llama a todos los cristianos a una obediencia más elevada. Que viene sólo por un verdadero y rotundo cambio en el corazón y en la mente mediante el infinito poder divino, sin el cual esa obediencia es imposible.

El cristiano necesita conocer cuáles son sus preceptos: Desde su deseo ardiente debe obedecer, de manera consciente, buscando el poder divino y la gracia de Dios.

Esto significa que las obras son parte de la fe cristiana. Las obras son la verdadera expresión de una vida de fe. Los creyentes recibieron el ejemplo de Jesucristo. Un verdadero y único Líder «él es el único modelo a seguir»

La fe no es un sustituto de la obediencia, como si la fe anulará nuestra obligación de obedecer al señor. Los preceptos morales son todavía válidos. No es fácil para los cristianos y/o creyentes ajustar su vida al precepto de la obediencia; por el contrario, se nos dice que a veces podría ser difícil, ya que la batalla y la lucha con el yo y con el pecado es siempre dura.

Al cristiano se le promete poder divino y se le asegura que la victoria es posible, pero todavía estamos en el mundo del enemigo, de lo inhumano, perverso y tendremos muchas batallas contra la tentación. La extraordinaria noticia es que si fallamos no somos desechados, porque tenemos un sumo sacerdote que intercede a nuestro favor, con su inmensa misericordia y amor. Siempre es fácil encontrar excusas para nuestros pecados y faltas, ¿verdad? ¿Cuál es tu excusa común para caer en lo mismo una y otra vez? ¿No será tiempo ya de dejar a un lado las excusas y pedir que Dios cumpla sus promesas por que el poder de Dios es mayor que el de tus excusas?

En esta época de meditación y de reflexión es bueno pensar en la perpetuidad de la ley moral de Dios, ya que debemos tener en cuenta que el espíritu es el amor, amor a Dios y el amor los unos a los otros, el amor al prójimo sin odios, sin rencor, sin resentimientos y lo mejor, perdonar y ser perdonado.

Desde allí entendemos la reconciliación con Dios (o con nuestras fuentes de vida), como la reconciliación con la experiencia de fe y sentido en la vida de cada uno, aquello que nos motiva y nos da capacidad de confiar en la vida.

«La reconciliación con Dios es permitir su acción en nuestras vidas, lo que implica “cambio” y “transformación”. En sentido teológico, es el restablecimiento de un estado original de amistad de Dios con el hombre. Es un acto permanente y dinámico de Dios en cada persona, transformándola para ser un instrumento transparente de esa misma acción para los demás, con el propósito de suscitar en el otro esa misma dinámica trascendente, o sea, la formación de una comunidad de seres humanos que viven buscando el interés de los demás “todo proviene de Dios que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación” (2 Cor. 5,18).

Los cristianos estamos llamados a la santidad; para ello hay que vivir en gracia de Dios; pero podemos perder la gracia bautismal por el pecado mortal, que mata la vida sobrenatural del alma y rompe la amistad y la comunión con Dios. «El pecado, es un acto suicida, porque ante todo, el hombre se daña a sí mismo, destruyendo toda obra buena». (Papa Juan Pablo II)

El Señor Jesús ha instituido el sacramento de la penitencia, que se llama también y muy adecuadamente «Sacramento de la Reconciliación» o Confesión, para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo y abrirnos así la puerta a la reconciliación con Dios.

Jesucristo, por ser Dios, tiene poder para perdonar los pecados, y dio este poder a los apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio, quienes actúan «en la persona de Cristo»; o sea que, de hecho, es el mismo Jesucristo el que perdona por el ministerio del sacerdote.

Quiero traer a colación y más por esta época numerosos escritos sagrados pero en especial (1 corintios 12 y 13), después de que se conoce el verdadero Amor que exalta Pablo. El amor (en griego, ágape) es el camino por excelencia. «Dios es amor»: 1 juan 4:8. El verdadero Amor describe el carácter de Dios. Amar es actuar hacia los demás como Dios actúa, y tratarlos como Dios los trata.

Los cristianos y los gobernantes deberíamos ser más humildes, después de todo, considera cuan impotentes somos, cuan caídos estamos, cuan dependientes somos, no solo de la justicia desde fuera de nosotros para la salvación, sino de un infinito poder que obre en nosotros a fin de cambiarnos de un modo que nunca podríamos hacerlo en nosotros. En fin debemos vivir y seguir los pasos de Pablo, un verdadero ejemplo de humildad.

Por ende, los escritos de Pablo según las sagradas escrituras fueron escritas mientras un imperio pagano regia el mundo; un imperio que podía ser increíblemente brutal, que no conocía al verdadero Dios y que pronto perseguiría a los que adoraran a ese Dios. Pablo fue humillado y martirizado por ese gobierno. A pesar de eso, Pablo abogaba que los cristianos fuéramos excelentes y buenos ciudadanos, aún bajo un gobierno como ese. Esto no se aleja de nuestra realidad social y política que afrontamos hoy en día en nuestra ciudad y país.

La idea y el ideal de que necesitamos un verdadero gobierno incluyente, congruente, participativo, con una verdadera democracia, equidad, sensibilidad social y un verdadero capitalismo solidario no salvaje como el que afrontamos y vivimos hoy en día.

El principio del gobierno es ordenado por Dios. Los conciudadanos necesitamos  vivir en una comunidad con reglas, leyes y normas. La anarquía ni es ni será un concepto bíblico.

Esto no significa que Dios apruebe todas las formas de gobierno o cómo actúan estos. En la historia y en el mundo actual se pueden ver algunos regímenes brutales como algunos vistos en nuestra ciudad y país. Es de vital importancia los cristianos y gobernantes deberíamos, tanto como sea posible, aprender estrictamente a obedecer las leyes de una ciudad y del país.

Los cristianos debemos apoyar al gobierno mientras este no esté en conflicto con lo que Dios manda. Debemos considerar con mucho cuidado, la oración y el consejo de otros, antes de entrar en conflicto con los poderes existentes. Sabemos por las profecías que un día todos los fieles seguidores de Dios seremos confrontados por los poderes políticos que controlan el mundo; (Según el apocalipsis cap 13).

Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a vuestros gobernantes, como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.

Es muy importante hacer todo lo que podamos para ser buenos y ciudadanos ejemplarizantes en nuestra ciudad y país. En ningún momento debemos desafiar a las autoridades, nuestras palabras deben ser examinadas con mucha prudencia, no sea que por nuestras declaraciones parezcamos estar en contra de la ley y el orden. No debemos decir ni hacer ninguna cosa que pudiera cerrarnos  innecesariamente el camino.

Finalmente, «entre más poder más humildad»; si queremos verdaderamente un cambio y una transformación social y de liderazgo Evolutivo para nuestra ciudad y país debemos elegir gobernantes con el temor a Dios, con verdaderos principios, valores, íntegros, con rectitud, honestidad, transparentes, con un sentido de pertenencia de ciudad y una responsabilidad social ante la sociedad justa, libre y ecuánime.

A veces es difícil pensar que la religión y la política pueden ir de la mano cuando existen ciertas confrontaciones en el pensamiento de un verdadero cristiano y en de un verdadero gobernante. Pero no descartó la posibilidad de que algún día lleguen a los gobiernos hombres de bien y con un pensamiento de respeto a los demás y de un verdadero temor a Dios; guardando sus preceptos divinos y logrando una verdadera transformación social, devolviéndole a todos los ciudadanos lo que se les ha arrebatado por medio de las ansias y aberraciones del poder y de la corrupción en nuestra ciudad y país, sin demagogias populistas, discursos baratos y acciones que sólo atentan contra la dignidad y la honra de una sociedad que sueña y anhela un mejor estilo de vida y un futuro para todos con un verdadero amor a Dios y al prójimo ya que Dios entrego su vida por todos nosotros. Me pregunto ¿Será muy difícil ser buenos ciudadanos, buenos gobernantes y buenos cristianos puede ser muy complicado? Si algúno viniera y pidiera tu consejo acerca de mantenerse firme por lo que cree que es la voluntad de Dios, aun cuando eso lo pondría en conflicto con el gobierno, ¿qué le dirías? ¿Qué principios debería seguir? ¿Por qué deberíamos seguir esto solo con la máxima seriedad y consideración, y lo más importante con mucha oración?

Twitter: @jaimeivan2018

Correo: visionarioslatino@gmail.com

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