La juventud y la experiencia

Por: Ismael Ibáñez/ Quiero iniciar este escrito refutando una frase célebre de mi querido padre: “Si los jóvenes tuvieran la experiencia de los viejos y los viejos tuvieran la fuerza del joven, todo sería mucho fácil”. En un comienzo no entendía mucho lo que él me decía en mi niñez, con el paso de los años lo fui comprendiendo, el joven tiene sueños, anhelos, retos por lograr, no obstante, en el camino surgen obstáculos, dificultades que va tratando de opacar el ímpetu de la juventud. Cuando un joven recibe su título profesional la alegría es incomparable, pero al poco tiempo esta alegría se va diluyendo con la preocupación de encontrar ese primer empleo que permita tener la oportunidad de adquirir experiencia.

La otra cara de la moneda la viven las personas de avanzada edad, con un gran trayecto de experiencia y pese a esto se les cierra la oportunidad laboral por no ser tan joven, una incoherencia en el sistema laboral colombiano deja a los más jóvenes y a los más adultos con un sin sabor, el joven por su lado se pregunta ¿Si no me dan la oportunidad? ¿Cómo adquiero esa experiencia que me pide? Mientras que el adulto dice – si tengo la experiencia que le hace falta al joven, porque no me emplea si posee las capacidades.

Necesitamos con urgencia que el gobierno nacional y local logren un consenso con el sector privado que permita estimular la contratación tanto de personas jóvenes como las de avanzada edad con beneficios tributarios claramente definidos y conocidos por el empleador.

Cuando la juventud se pone en pie la patria puede esperar cosas grandes, pues en los jóvenes se haya la fuerza del cambio, se tiene el carisma, las ideas claras, la visión de futuro enfocada en el mejoramiento continuo, es el joven quien desea esa gran oportunidad de expresar todo su talento laboral a través de la innovación.

Las empresas pierden esta oportunidad de tener un oxígeno para el desarrollo empresarial. Por otra parte, están las personas que ya no son jóvenes, pero tienen tanta experiencia que son referentes de cambio, quienes podrían por medio de su conocimiento en el quehacer diario dar un consejo sabio en momentos determinantes. Un proverbio japonés dice: “La experiencia es como la linterna, solo alumbra a quien la lleva”. En pocas palabras se está desperdiciando el conocimiento que no lo da la universidad, ningún congreso, ni los libros, solamente los años de trabajo.

La propuesta es clara, si unimos a los jóvenes con los adultos el resultado será otro, si somos una sociedad más incluyente que genere oportunidades aquel quienes las pide de seguro el avance llega por sí solo, la creatividad será una característica en las organizaciones, la innovación surgirá como fruto de la sinergia entre los más jóvenes y los de avanzada edad. Esto se consigue en la medida que se den la oportunidad las empresas de hacerlo, con resultados conseguidos, será diferente la propuesta de generación de empleo.

Cabe resaltar que existen leyes que promueven la generación de empleo en los jóvenes como la ley pro joven, y la ley del primer empleo, sin embargo, se han quedado en un texto poético al leerlo resulta hermoso, pero al mirar el resultado de su aplicación realmente ha sido desastroso, la mayor tasa de desempleo la encabezan los jóvenes, quienes desafortunadamente en su desarrollo profesional algunos han tenido que optar por trabajar en oficios diferentes para los que fueron preparados durante cinco años en la universidad, otros que logran ubicarse laboralmente no consiguen una excelente remuneración laboral, generando desanimo en el joven que invirtió un significativa suma de dinero y lo más importante tiempo para encontrarse con una remuneración poco aliciente.

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