Hablemos de árboles/ Samán y Gallinero

Por: Roberto Aponte/ Unos de mis hábitos frecuentes es ir al parque San Pio a hacer ejercicio. Allí aquellos árboles conocidos como gallineros (Pithecellobium Dulce) son los que me dan un espacio fresco y le otorgan oxígeno a mi recorrido. En general propician un ambiente adecuado no solo para mí sino a todas las personas que frecuentan este lugar.

Otra especie común y similar al gallinero es el samán (Samanea saman). Ambos árboles permanecen al grupo de las leguminosas e incluso a la misma subfamilia, por lo tanto, presentan como característica tener frutos en forma de vainas y pueden fijar nitrógeno en el suelo.

Las dos especies son de clima cálido, presentan un tallo resistente, robusto y corpulento y hojas pequeñas. Sus copas son bastante frondosas y de ambas también se utilizan las hojas y frutos como forraje, por lo que es usual ver estos árboles en zonas ganaderos usándose para dar alimento y sombra.

Ambos también presentan un sistema radicular extenso el cual se expande de forma superficial. Esta característica ayuda al control de erosión y conservación del suelo. Además, presentan nódulos fijadores de nitrógeno por lo que favorece el crecimiento de hierba debajo de la copa de los árboles.

Sus exuberantes copas y sus vistosas flores, son características que han hecho que estos árboles sean escogidos para ser sembrados en parques y entornos urbanos.

El gallinero se distingue por presentar vainas de color rojo.

En cuanto al Samán se le conoce como árbol de lluvia debido a que cierra sus hojas cuando el cielo se oscurece o se nubla anunciando la llegada de la lluvia. Es resistente a la sequía y las legumbres pueden utilizarse como alimento. Las vainas que produce tienen un alto contenido en proteínas.

Este árbol se encuentra en la moneda de 500 pesos y esto se debe al simbolismo que representa el Samán de Guacarí, el cual fue sembrado en 1914.

El Samán se mantuvo en la plaza del pueblo, dando sombra y cobijo, la imagen de aquel gigante era para los habitantes de aquel lugar, algo representativo y que les generaba un fuerte sentido de pertenencia y a su vez el árbol fue testigo de todos los sucesos que acontecieron por varias décadas. En 1989 tuvo que ser derribado debido a que fue atacado por un hongo, a pesar de eso la comunidad hizo todo lo posible para salvar la insignia de su pueblo.

Con esta historia queda demostrado que los parques protegen y conservan no solo ecosistemas sino lugares de interés histórico y cultural. Son guardianes del patrimonio común.

Los gallineros y los samanes son árboles muy distintivos para los habitantes de Bucaramanga, tal vez no sean tan comunes como los oitis, (una especie traída de Brasil) pero son bastante destacables en los sitios donde se encuentran, junto con las acacias son los que otorgan a esta ciudad el título de ciudad de los parques.

Estos espacios verdes producen relajación en medio de la gris urbe y a su vez es algo que trae beneficios a la salud de las personas ya que motiva a hacer ejercicio y a tener lugares de esparcimiento. Ese estimulo también es necesario para subir la productividad de una ciudad.

Además, son los adecuados para la enseñanza de la educación ambiental, el parque ya maneja una pequeña dinámica de ecosistema y es un lugar adecuado para el avistamiento de aves.

Los parques también generan un entorno comunitario y de identidad hacia los habitantes del sector, para la gente que lleva mucho tiempo observando estos placenteros lugares con su respectiva vegetación sienten como si ese entorno fuera parte de su día a día. Aunque la visión del parque patrimonio cultural o histórico es algo que está más arraigado en los pueblos. Y de aquí empiezo un llamado en general para mantener el buen cuidado de los parques y los árboles que viven allí.

Facebook: robertojose.apontemunoz

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