Reflexiones ciudadanas: Por una Bucaramanga gobernada con sensatez e integridad

Por: René Rodrigo Garzón Martínez/ En estos primeros días del año en que es inevitable hacer proyecciones, cábalas y propósitos de año nuevo, no podría escaparse del radar de un consabido sujeto político como yo, el hecho de que el 2019 será un año trascendente para nuestra ciudad y para nuestra región.

En efecto, se avecinan unas nuevas elecciones de Alcalde en Bucaramanga, y el panorama, más allá de cualquier calificativo simplista, está lleno de desafíos, en especial para los ciudadanos bumangueses, que tendrán en sus manos la enorme responsabilidad de elegir de forma consciente, informada y ante todo, consecuente con las necesidades que hoy refleja nuestro terruño que aún hoy, sigue siendo nuestro gran “vividero”, ‘la Ciudad Bonita’ de todos.

Soy un convencido de la certeza de aquella frase que reza algo así como que “el pueblo se merece a sus gobernantes”. De allí que mi reflexión de principio de año, necesariamente está enfocada en hacer un llamado colectivo a la sensatez y a la integridad como sociedad.

La sensatez, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, tiene que ver con prudencia, cordura y buen juicio. A su turno, la integridad, según la misma fuente, tiene que ver con una persona recta, proba e intachable.

Podríamos enumerar una lista interminable de virtudes y valores éticos, pero he considerado en estas líneas, que la sensatez y la integridad han de ser las mejores herramientas para la toma acertada de las decisión más importante que como sociedad nos compete: Elegir nuestros representantes, que no son más que el fiel reflejo de aquellos valores que como sociedad nos gobiernan. Las experiencias pasadas y presentes, no mienten.

He de insistir en que, más allá de la polarización ideológica en que se encuentra sumida nuestra sociedad, más allá del discurso demagógico anticorrupción del que hoy por hoy muchos quieren valerse, sin soluciones reales y sostenibles a las necesidades, más allá de campañas de marketing político calculadas para movilizar el lado violento y agresivo que cargamos como sociedad, lo que se avecina es, ante todo, una gran oportunidad para los ciudadanos y ciudadanas Bumanguesas, para comenzar a dar pasos hacia adelante en materia de cultura cívica y política al momento de acudir a las urnas en octubre del presente año.

No será una tarea fácil, pero considero que quienes nos autodenominemos o reconozcamos como actores políticos de nuestra comunidad, tenemos el deber personal y social, de llegar a puntos de encuentro colectivos en relación con los estándares mínimos e innegociables en torno a lo que esperamos de nuestro próximo gobernante: Experiencia exitosa y “limpia” en el manejo de lo público,  capacidad de unión de ideas y puntos de vista, firmeza de carácter y autoridad desde los argumentos y no desde la agresión del contrario, y lo que es más importante, liderazgo constructivo y proactivo.

De seguro cada lector tendrá su lista al respecto, pero tengo la esperanza de que los criterios que menciono, sean un buen comienzo para construir ese gran acuerdo colectivo que como ciudad necesitamos, y al que podemos llegar si no dejamos que la demagogia, la desinformación y la maquinaria clientelista sigan postergando el avance que todos queremos y merecemos.

Los retos a que los que se enfrentará la nueva administración no son minúsculos, la percepción de seguridad y el respeto por las normas de convivencia van en descenso, la atención a poblaciones vulnerables no ha sido efectiva y se ha quedado en paños de agua tibia agudizando las problemáticas sociales, el desempleo y la informalidad abundan mientras los jóvenes no encuentran un ecosistema de promoción del emprendimiento y la innovación, las políticas de prevención y atención a la niñez y adolescencia necesitan ser una prioridad tanto como la construcción de obras de alto impacto urbano.

Ejemplos de ciudades como Medellín y Barranquilla en los últimos 12 años, nos dicen que es posible apostarle con niveles aceptables y reales de éxito, tanto a la construcción social, como a la construcción de infraestructura urbana, cuando existe capacidad de gestión, unión de fuerzas y puntos de encuentro en las políticas públicas trascendentales, más allá del color de las banderas políticas, de discursos populistas o de rencillas personales y egocéntricas de los gobernantes de turno

Sin embargo, el principal reto que tenemos como ciudad en este 2019, es justamente el asumir la responsabilidad individual en la construcción del bienestar colectivo, lo cual no es delegable aunque nuestra cultura nos haya enseñado siempre a buscar culpables sin aportar mayor cosa a la solución. Comienza por nuestros actos cotidianos como individuos y llega a su máxima expresión cuando tomamos la decisión de designar a ese gobernante que como pueblo mereceremos y mereceremos.

Twitter: @ReneGarzonM

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