Políticamente correcto: El populismo acerca de los fajos de Petro

Por: Adriana María Barba/ Intentar definir el populismo no es tarea fácil, tiene matices de ideología, régimen político, forma de gobierno, conjunto de prácticas políticas, proyecto anticapitalista, tipo de liderazgo carismático y manipulador, estrategia política, estilo de gobierno, discurso demagógico, política intervencionista y asistencialista, política social con fundamento en la redistribución del ingreso, política neoliberal mediática, forma de democracia directa, mecanismo antidemocrático, movilización política desorganizada, movimiento social, régimen autoritario legitimado por el pueblo, entre otros. (Cf. Hugo Celso Mansilla, 2009; Flavia Freidenberg, 2007; Mackinnon y Petrone, 1998; Kurt Weyland, 2004).

Así que intentar definirlo conceptualmente nos deja un concepto bastante amplio de lo que puede ser y de todas las maneras en las que se puede manifestar dentro de una sociedad. Creo que es entonces mejor identificar las formas en las que se comporta un líder político populista.

Los populistas tienden a recurrir a una retórica similar para ganarse a sus audiencias. Kirk Hawkins, profesor asociado de la Universidad Brigham Young en Utah, dice que no es tan simple como una sola palabra o un eslogan; un amplio léxico retórico tiende a repetirse en la oratoria populista.

“Verá a un líder hablar de personas comunes de una manera que los reifica y los romantiza”, dice. Los ejemplos pueden ser referirse a “la voluntad de la gente” o caer en adjetivos como “ordinario”, “trabajador” o “pagador de impuestos” para describir a las masas nobles.

“El otro elemento que verás es una referencia a la elite malvada”, dice Hawkins. “Una cosa que verás es un énfasis en cosas que están claramente destinadas a cuestionar su dignidad fundamental como actores políticos, si no seres humanos”.

Recordemos el discurso de Gustavo Petro en Tumaco: “Hermanas y hermanos” que han sido víctimas de la clase política. “No están pensando en ustedes, amigos. No están pensando en ustedes, hermanos y hermanas, nos están tratando igual que hace cinco siglos. Y la manera para que ellos se puedan mantener en esa dinámica que llevan desde hace cinco siglos, construyendo una de las sociedades más desiguales socialmente de la humanidad, es comprando el voto”.

Difícilmente se encuentra un ejemplo que sea tan literalmente exacto a una definición.

Pero no es solo lo que dicen, sino cómo lo dicen. Algunos académicos sostienen que el populismo necesariamente viene con un elemento performativo: Se trata del estilo, el espectáculo. Los populistas carismáticos necesitan multitudes, un escenario, el centro de atención, por lo general, junto con un enfoque de lenguaje sencillo que todos comprenderán.*

¿Aún se acuerda de los aguacates y el show que hacían en las tarimas de la campaña de Petro?

La idea era presentarse una persona de a pie con la cual sus votantes se pudieran relacionar.  ¿Pero nos podemos relacionar con una persona que recibe fajos de billetes por una suma millonaria en un apartamento privado?  Sin factura, sin formalidades, sin especificaciones de para qué es el dinero.  Yo no sé usted, pero yo no.

Cierto es de muchos líderes populistas que se aprovechan de la falsa cercanía que tienen con sus votantes para robar aún más descaradamente y al mismo tiempo los votantes, por la cercanía que han sentido, los defienden y obvian sus evidentes desfachateces. No tenemos muy lejos a Venezuela para no saber en qué resulta eso.

Esperemos que no se nos olvide que ha quedado en perfecta evidencia que el senador Petro se comporta exactamente igual que la “clase politíca” que el tanto critica en sus discursos e intervenciones públicas.

*Tomado del artículo “How to spot a populist” publicado por The Guardian el 3 de diciembre del 2018.

Twitter: @AdrianaMaBarba

Facebook: Vázquez & Barba International Legal Consultants

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