Eduquemos para el feminismo

Por: Luz Elena Mojica Gamboa/Con un inmenso dolor recuerdo que en el año 2008, en el barrio Estoraques de mi amada ciudad, Heydi, mi secretaria, una joven de tan sólo 21 años fue vilmente violada, asesinada y descuartizada por su tío político; este macabro crimen conmocionó mi vida; de ello ya hace 10 años y con terror me sigo sorprendiendo con tanta crueldad para lastimar, herir, abusar, maltratar psicológicamente y físicamente a nuestras mujeres y a nuestras inocentes e indefensas niñas.

Para no ir tan lejos, recientemente Mary Nelcy una mujer de 36 años de edad, madre de dos menores de edad, en el barrio Olas Bajas en el norte de Bucaramanga, fue asesinada por su compañero sentimental. Este mismo año, en la central de abastos, un reconocido prestamista asesinó a Noemí Otero Díaz su expareja y después se suicidó.

La Ley 1257 de 2008 define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. Los diez tipos de violencia más comunes contra las mujeres son: La sexual, psicológica, patrimonial y económica, simbólica, acoso u hostigamiento, doméstica, laboral, obstétrica, mediática e institucional.

Existen cinco países peligrosos en el mundo para las mujeres: En la India, las niñas y las mujeres son vendidas como objetos, casadas a la fuerza y esclavizadas. En Arabia Saudita no hay ley contra la violencia doméstica y el testimonio de un hombre vale más que el de una mujer. En Indonesia, nueve de cada diez mujeres han sufrido acoso sexual en su trabajo. Sudáfrica tiene una de las tasas más altas de violencia sexual y de género en el mundo, asociada a la propagación del VIH en el país. En México, los índices de violencia doméstica y sexual son preocupantes, al menos 2 de cada 10 mujeres son abusadas por su pareja.

Mañana domingo 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, la ONU Mujeres desde el año 2009 lanzó la campaña de sensibilización ‘Di no’; determinando el 25 de cada mes como Día Naranja, léase muy bien, el 25 de cada mes deberíamos vestirnos de naranja como solidaridad con tantas víctimas; sin embargo esta propuesta aún es desconocida por la gran mayoría de actores y sólo se circunscribe a la celebración del 25 de noviembre de cada año.

La idea base es que los 25 de cada mes, durante el año, llevemos una prenda de color naranja para simbolizar que deseamos un futuro mejor y un mundo libre de violencia contra las mujeres y niñas; logrando movilizar a la sociedad civil, actores sociales, políticos y a los gobiernos, en torno a la protección de los derechos de las mujeres.

Entiendo todos los sentimientos de rabia, dolor, tristeza, impotencia y desesperación de las familias de las víctimas, como quiera que yo misma fui objeto de violencia laboral, si, en el año 2014 el entonces Director de la CDMB, Ludwing Arley Anaya Méndez, logra a través de un proceso irregular, fraudulento y mañoso destituirme de la entidad; causándome daños psicológicos, morales y económicos.

Esta situación de acoso laboral llevó a que calzara los zapatos de tantas mujeres perseguidas y maltratadas en sus trabajos; entendiendo que la única persona que podía lograr reinvidicar mis derechos era yo misma; por ello tome la decisión y empecé una lucha sin cuartel, hoy tengo dos demandas interpuestas ante el Tribunal Administrativo de Santander y en la Procuraduría General de la República y dos denuncias se encuentran radicadas en la Fiscalía; las cuales me han llevado casi cinco años defendiéndome.

La justicia poco a poco y muy lentamente me ha dado la razón, pues tengo como resultado de esta lucha sin precedentes en mi ejercicio profesional, dos fallos a mi favor; uno del Juez Administrativo Laboral que ordenó en el año 2016 el reintegro a mi cargo en la CDMB, el pago de salarios dejados de percibir e indemnización por daños morales; actualmente se encuentra en segunda instancia en el Tribunal Administrativo de Santander; confío plenamente con la ayuda de Dios que se confirme esta sentencia.

El otro fallo positivo me lo acaban de notificar y correspondió al archivo de la investigación disciplinaria adelantada por la Oficina de Control Interno de la misma entidad; en el cual se me absuelve y se comprueba que jamás abandoné el cargo y que siempre estuve cumpliendo con las funciones propias de mi trabajo; decisión que me hace absolutamente feliz porque este dictamen demuestra que siempre he dicho la verdad.

Durante este año 2018 nuestra Fundación Luz Verde ha atendido en comisarías de familia y casas  de justicia más de 100 casos de maltrato y aunque la historia de cada una de ellas es diferente, las causas son las mismas; la intolerancia, la dependencia económica, el miedo, la falta de autoestima, la indecisión y la ignorancia de la ley, son el común denominador.

Cada año se lanzan campañas de sensibilización, actores y personalidades del mundo entero se unen, recordamos entre otras: “En los zapatos de”; #NiConElPétaloDeUnaRosa; “Con los labios pintados”…. Actividades a mi modo de ver bonitas, estructuradas pero de impacto mediático; duele ver como en lugar de erradicarse esta violencia, día a día siguen aumentando las víctimas; entonces me pregunto, ¿qué debemos hacer?

Auscultando respuestas, encontré que en Ruanda después del genocidio de 1994, donde aproximadamente 500.000 mujeres fueron violadas en tan solo cien días de derramamiento de sangre, con este  pasado catastrófico de violencia contra la mujer, usadas como arma de guerra; fueron capaces de implementar en 174 institutos de ese país, el proyecto de coeducación y formación feminista “Escuela Segura para Niñas” donde los adolescentes aprenden sobre feminismo, respeto mutuo, salud reproductiva y finanzas como herramientas para erradicar la violencia de género.

Efe Jean Baptiste Ntiyibagirwabayo, un joven de 16 años, alumno de la Escuela, afirma que, “aprendemos a respetar a las chicas como seres iguales y a no herirlas física o psicológicamente, además de hacer un uso no sexista del lenguaje”.

En esta nueva cultura Ruandesa las adolescentes son capacitadas en ahorro y finanzas para que disminuya la dependencia económica del hombre, igualmente se les enseña sobre planificación reproductiva para impedir los embarazos prematuros.

Como líder social, defensora de los derechos de las mujeres, me identifico plenamente con la educación para el feminismo que están recibiendo los adolescentes en Ruanda; por ello “En la mirada de…” es una campaña diseñada por nuestra Fundación Luz Verde en alianza con la Fundación Clown, dirigida por el joven carismático Andrés Felipe Martínez y durante esta semana nos dimos a la tarea de visitar parques, universidades y espacios donde invitamos a las personas a observar la vida desde la óptica del “otro”, definitivamente nuestra experiencia nos lleva a concluir que sólo aprendiendo a comunicarnos de forma afectiva, con respeto y consideración por el otro contribuiremos a erradicar este flagelo .

Encontrar soluciones a largo plazo implica si o si sensibilizar a ambos sexos de la necesidad del autocontrol y el respeto por el otro; que lleve al entendimiento, a la comprensión y al equilibrio; el modelo aplicado en Ruanda me parece fabuloso y aquí en Colombia debería replicarse; haciendo énfasis en que la educación para el feminismo como herramienta para combatir la violencia de género se debe aplicar desde casa, empezando por cada uno de nosotros, siempre teniendo presente que debo tratar a los demás como me gustan que me traten.

#HagamosuntratoporelBuenTrato

Twitter @LuzElenaMojicaG

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Correo: luz.mojicagamboa@gmail.com

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