El 90% que nunca conocerás de las encuestas electorales

Por: Yamil Cure Ruiz/ Está claro, en las columnas de opinión participan todos los actores, como políticos, medios, analistas, etc. Y la mayoría toman como argumentos para sus exposiciones el trabajo de los encuestadores. Ahora, sin gráficas y números, escribimos una columna de opinión para llegar a quienes leen a todos los actores ciudadanos. He aquí una oportunidad brindada y agradezco a la Revista Corrillos en nombre de todos los profesionales que se dedican a las consultas de opinión pública y al procesamiento de datos estadísticos a través de encuestas autorizados por Resolución del CNE.

Lo primero que hay que hacer para entender el por qué opinamos (los encuestadores) y del por qué todos los demás actores se equivocan con sus textos cuando hablan de los números de las encuestas. Es definir la diferencia entre sondeo y encuestas.

El sondeo es una pregunta que puede contestar cualquiera y su resultado es descriptivo que dice de manera porcentual cuántos están a favor o en contra de opciones generalmente de selección múltiple y dicotómica. Su escenario son las redes sociales principalmente Twitter. Por su parte las encuestas tienen estructura demográfica, es decir, de manera específica testea a personas de manera concomitante proporcional con las cifras del censo electoral por género, rango de edad, ubicación geográfica y aspectos socio económicos.

Una encuesta con 1.250 participantes tiene un 95% de acierto de una realidad en el momento con posibilidad de hacer multivariados demográficos (cruces), sacar tendencias, hacer pronósticos, hacer líneas tiempo y sacar indicadores electorales (en próximas columnas serán expuestos). Los sondeos si son realizados por medios de gran audiencia o líderes de opinión a veces cuenta con la participación de más de 20.000 personas al no tener el proceso de representatividad estadística no dice la verdad, solo sirve para mirar el impacto del líder o el medio por la cantidad de participantes y la influencia de la pregunta formulada que motiva a participar.

Como encuestar es procedimiento con rigor científico, es fácil compararlo con otros procedimientos. Cuando alguien acude enfermo a centro de salud posiblemente le mandarán un examen de sangre para hacer el diagnóstico de su condición. Se le toma una muestra de dos ml de sangre frente a los seis litros que posee su cuerpo. Y con ello puedo hacer un perfecto diagnóstico de lo el médico busca ¿Por qué con tan poca sangre se puede hacer esto? Porque la sangre tomada se le somete a un proceso de cultivo, centrifugado y de separación de elementos para su conteo. Luego no importa la cantidad de sangre que se tome si no el procesamiento de la muestra.

De igual manera, en la encuesta no importa tanto la cantidad de encuestados si no el tratamiento y el procesamiento de datos estadístico de georreferenciación, distribución y marco muestral que se le haga. Imaginase señores lectores un sondeo de opinión en Twitter de Gustavo Petro opinando sobre Álvaro Uribe con 500.000 participantes o viceversa, contra una encuesta con una muestra distribuida de manera geográfica proporcional por todo el país con 2.000 encuestas ¿Quién estaría diciendo la verdad sobre la opinión de estos personajes expresada proporcionalmente en porcentajes? Bueno, esta pregunta sería un sondeo.

En conclusión, las encuestas en 95% están diseñadas para no equivocarse frente a un suceso futuro emplazado en una línea de tiempo. Entonces el que se equivoca cuando estas fallan su predicción es el encuestador en diseño metodológico y en el procesamiento mencionado.

En la predicción de quien sería el alcalde de Bucaramanga, en las elecciones pasadas todas las encuestas se equivocaron en su resultado, dando a Carlos Ibáñez de ganador y Rodolfo Hernández como el perdedor en la grilla.

¿Dónde nos equivocamos los encuestadores? No se tuvo en cuenta la trazabilidad de la votación de Leónidas Gómez-Gómez para la gobernación en el Área Metropolitana de Bucaramanga donde ganó; no se tuvo en cuenta que cerca del 30% de votos de Bucaramanga vienen de los municipios del Área (Censo electoral en Bucaramanga 499.000 aproximadamente según CNE, población según Censo DANE 546.000 aproximadamente, no habrían proporcionalmente ni infantes ni adolecentes). Y no se tuvo en cuenta el momento de los indicadores electorales, como desagregación a favor de Jhan Carlos Alvernia, quien le quito transferencia de votos de los concejales liberales que apoyaban a Ibáñez… Se equivocó el humano (encuestador), no la metodología (encuesta).

Luego las encuestas definitivamente inciden en el proceso electoral y en la democracia pues permiten el acceso de la información al ciudadano y la referencia de apoyo para los opinadores del proceso, como también en la toma de decisiones para las campañas. Las encuestas influyen de dos maneras en proceso electoral.

Primero, como pieza y herramienta publicitaria, pues se confirma que mueve el voto de opinión definido como voto útil, voto castigo, voto referido y voto formado; pudiendo ser “el centavo para el peso” que necesita “la maquinaria” electoral para ganar.

Y segundo, como herramienta estratégica aprovechando su procesamiento demográfico para tomar decisiones de movimientos dentro de la campaña para potencializar los puntos fuertes y atenuar los débiles en lo geográfico, discurso, cualitativo y presupuestal.

Para la gente, la contienda electoral es como un evento deportivo y las encuestas se asimilan a la tabla de posiciones de un campeonato ¿Se imaginan la liga de fútbol sin la tabla de posiciones, del descenso, de clasificación a las copas, de los goleadores, etc? ¿Se imaginan los deportes sin las estadísticas de tiempo de posición del balón, disparos al arco y las individuales por jugador? Bueno, imagínese un proceso electoral sin encuestas sería lo mismo.

Desaforadamente, señores periodistas, lectores, opinadores y demás actores; las encuestas electorales que ustedes conocen y que son las publicadas en los medios, no son sino el 10% de las que se hacen y por lo general son las usadas como piezas y herramientas publicitarias para impulsar una campaña, nunca o casi nunca se publican y se dan a conocer las estratégicas con indicadores electorales que permiten establecer comparativos DOFA entre los candidatos.

Y lógico, yo nunca mostraría mi estrategia a la competencia. Además de que existen limitantes de orden legal que solo permiten la publicación de la estadística descriptiva, no de la estadística inferencial (el resultado, no el desarrollo de la contienda electoral). Pero sobre todo la enemistad manifiesta del grueso de la población con las ecuaciones, las matemáticas y lógica numérica.

La prensa solo presenta el score y nunca la tendencia. Los opinadores toman las encuestas como un oráculo para predecir el futuro (como si fuéramos adivinos tipo el Indio Amazónico y no técnicos) y no como una herramienta de análisis para definir la tendencia dentro una inercia para establecer un pronóstico. Para el público la encuesta se quedó como la foto del momento y no más.  Por eso nos culpan de vendidos para las campañas, cuando el negocio es acertar para poder seguir haciendo encuestas a futuro con credibilidad… Pero al convertirse la encuesta en publicidad no hay otro papel que jugar.

Para que se lleven una idea, a la fecha se han realizado 22 encuestas para las elecciones 2019 a la alcaldía de Bucaramanga (Grilla de 14 precandidatos) y gobernación de Santander (Grilla de ocho precandidatos). Yo he participado en nueve de ellas como encuestador, como auditor o como analista de datos. Y ninguna ha sido publicada, todas han sido privadas pues tienen como fin, no de decir quien va ganando si no definir la estrategia.

Infortunadamente la aversión a las cifras de los votantes y el componente altamente emocional de los procesos electorales genera que la estrategia mate a la política y la táctica mate la critica a los candidatos, es decir, las encuestas dan insumo a las campañas para que los estrategas de marketing político direccionen la opinión hacia sus intereses develando solo lo que conviene.

Nunca revelando el 90% de los contenidos, utilizando a los periodistas y a los medios como vehículos de pauta no como un verdadero actor de fondo formador de opinión política.  Luego, por esto las personas votan por personas no por ideologías o conceptos de partido y todos somos culpables de esto.

Corrillos, muchas gracias.

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