El dolor de las ausencias

Por: Carlos Monroy/ El amor consiste en agarrar apasionadamente el alma del otro dispuestos a soltarla cuando sea necesario. Desde niños nos enseñan a agarrar, la vida nos enseña a soltar y la experiencia a elegir y amar cada vez mejor.

Hay amores tan esporádicos como una estrella fugaz, pero no por ello dejan de ser apasionantes, fascinantes e inclusive mágicos. La vida es un tejido de momentos y el tiempo no es determinante a la hora de definir la belleza de los mismos, ¿acaso disfrutamos más una botella que una copa de buen vino?, no, disfrutamos cada trago. Lo importante es nunca dejar de beber y de contemplar las estrellas.

Me dijo pregúntale al tiempo y espera la respuesta. Pasaron muchos años y el tiempo guardó silencio, luego recordé que el tiempo es un producto de nuestra inventiva, decidí construir la mejor respuesta, vencí el silencio y seguí adelante, el tiempo es sabio -dije- y me ha dado la razón.

Te echo de menos en la cama, pero más allá de sus bordes también hay un mundo enorme que requiere amor, pasión y ternura. La vida nos exige extender nuestra existencia hasta el último rincón de este mundo que tenemos el honor de habitar, pero solo existimos en la medida en que actuamos. Tu amor es un privilegio que me gustaría cohabitar aumentando la magia de nuestra cotidianidad.

Quise iniciar esta columna de opinión con las anteriores reflexiones sueltas sobre el amor, aquel hermoso sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. El amor, definido por la Real Académica de la Lengua Española como ese “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, muy al estilo del origen del mito de la media naranja que podemos extraer de la obra El Banquete de Platón, donde el filósofo mostraba las enseñanzas de Aristófanes, quien explicaba como al principio la raza humana era casi perfecta: “Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación y todo lo demás en esta misma proporción”.

Según la mitología griega estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto de hombre y hombre; otro, de mujer y mujer; y un tercero, de hombre y mujer, llamado “andrógino”. Cuenta Aristófanes que los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses. Y ante aquella osadía, Zeus, que no quería reducir a la nada a los hombres, encontró la solución, un medio de conservarlos, hacerlos más circunspectos y disminuir sus fuerzas: separarlos en dos.

El problema surgió después, hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, solas, sentían mucho dolor pereciendo de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una ante la ausencia de la otra.

Parece que esta idea no solo ha calado hasta nuestros días, sino que ha mutado, ya que unidas las dos partes, esto es contando con la compañía del ser amado -lo cual debería ser un motivo de plenitud o felicidad- la ausencia de valores humanos como el respeto, la sensibilidad y la responsabilidad generan dolor a través del maltrato físico y psicológico generalmente hacia la mujer muchas veces en el marco de una cultura machista, siendo preferible la ausencia del ser amado que una presencia dañina del mismo.

Es atroz que un hombre empuñe su mano contra los labios que antes besó con cariño, que insulte a quien antes fue destinataria de sus más hermosos cumplidos, que en un abrir y cerrar de ojos convierta la ternura en crueldad, no solo destruyen el rostro de su pareja sino también muchas veces destruyen sus sueños de construir una bella familia basada en el respeto y el amor, como una de las formas de realización del ser humano.

Desde luego todos los seres humanos cometemos errores y lo más importante es el reconocimiento, el arrepentimiento, la reparación y la no repetición. Pero si no somos cuidadosos con nuestras palabras y comportamiento podemos generar daños irreparables y definitivamente el maltrato hacia la mujer no se puede convertir en un deporte nacional, como sociedad nos debe doler la ausencia de las mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, por eso casos como el de Eileen Moreno y muchas otras merecen nuestra solidaridad y voz de rechazo #NiUnaMás #NiUnaMenos

Twitter: @MonroyCarlosA

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