La Libertad Religiosa

Por: Adriana María Barba/ Colombia… ¿El país del Sagrado Corazón? La Constitución de 1991 en su artículo 19 proclama: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”.

Hace 27 años de ese avance tan significativo en materia de Derechos Humanos en Colombia y aunque debido al concordato de la Iglesia Católica con el Estado esta libertad había quedado en pausa, ya que Colombia reconocía la pluralidad religiosa en la Constitución Política de 1853, que en su artículo 5 reza: “La república garantiza a todos los granadinos…La profesión libre, pública o privada de la religión que a bien tengan, con tal que no turben la paz pública, no ofendan la sana moral, ni impidan a los demás el ejercicio de su culto”, la libertad religiosa volvió a ser la posición oficial del Estado Colombiano en 1991.

¿En qué consiste?

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la libertad de religión es un principio que apoya la libertad de un individuo o comunidad, en público o privado, para manifestar su religión o creencia en la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia sin la influencia o intervención del gobierno. También incluye la libertad de cambiar la propia religión o creencia.

Este derecho fundamental tiene como objetivo lograr la igualdad civil para todas las religiones, para permitir a la comunidad vivir junta pacíficamente a pesar de las diferencias doctrinales y teológicas que, históricamente, han causado amargas divisiones y luchas sociales.

La verdadera prueba de la libertad religiosa es si la sociedad da espacio a aquellos que tienen puntos de vista diferentes; incluso si esos puntos de vista pueden ofender a algún grupo, así sea el mayoritario.

¿Cómo estamos?

El proceso del afianciamiento de la libertad religiosa en Colombia en estos 27 años ha exigido compromiso no sólo de las entidades religiosas sino del Estado que ha designado una oficina de asuntos religiosos dentro del Ministerio del Interior.

Aunque la Constitución prevé libertad de religión y prohíbe discriminación basada en religión, la posición del Estado es que, aunque no existe religión oficial, el Estado Colombiano no es ateo, ni agnóstico, ni indiferente al sentimiento religioso de los colombianos.

Aunque la Constitución regula la separación del Estado y la religión, es innegable que la Iglesia Católica retiene una posición privilegiada.

Por ejemplo, los grupos religiosos no católicos deben obtener acceso a un acuerdo de derecho público de 1997 con el estado para realizar matrimonios reconocidos por el estado y proporcionar servicios de capellanía para el personal militar, pacientes de hospitales públicos y presos. Al decidir si se otorga la adhesión, el gobierno considera la membresía total de un grupo religioso, su grado de aceptación dentro de la sociedad y otros factores como los estatutos de la organización y las normas de comportamiento requeridas.

Tolerancia

Varias ONG interreligiosas y religiosas promueven la libertad religiosa y la tolerancia a través de sus programas y compromisos con la comunidad. Las comunidades católica, judía y musulmana firmaron una declaración de paz como compromiso de continuar trabajando juntos para construir la paz y la reconciliación en el país y el mundo. La iniciativa coincidió con la reunion en Roma del Papa Francisco, el presidente israelí Shimon Peres y el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas el 8 de junio del 2014.

Es importante continuar este esfuerzo y promover la tolerancia en nuestra sociedad, no sólo porque la tolerancia es la base de la tan anhelada paz sino porque el mundo avanza cada vez más reconocer la pluralidad de sus sociedades en un marco de respeto.

Es importante valorar nuestra cultura y dentro de la cultura no se puede ignorar que las prácticas religiosas juegan un importante papel, pero la cultura debe estar en constante cambio y adaptación para ser favorecedora para los miembros de una sociedad.

Hasta una sustancia tan buena e inofensiva como agua, si no se mueve y se empoza se convierte en tóxica.  Lo mismo pasa con la cultura, si no se adapta, tolera y se dinamiza se convierte en un elemento de destrucción de la sociedad.

Twitter: adrianabarba19 – Facebook: Vázquez & Barba International Legal Consultants

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