Un sistema de salud en cuidados intensivos

Por: Holger Díaz Hernández/ El sistema de salud en Colombia atraviesa desde hace varios años la peor crisis de su historia, crisis que se ha venido profundizando sin que desde ningún gobierno se hayan tomado medidas de fondo para enfrentar un problema que ha sido sobrediagnosticado pero que nadie ha querido asumir la responsabilidad de coger “el toro por los cuernos” y de una vez por todas tomar las grandes decisiones que requiere el país en materia de salud.

Al exministro Alejandro Gaviria hay que reconocerle el haber enfrentado a las multinacionales farmacéuticas y lograr bajar en forma importante el precio de más de 1.000 medicamentos prioritarios con un gran impacto que apenas se empieza a notar en el bolsillo de los ciudadanos y en las finanzas del Adres que es la administradora de los recursos de la salud. Claro que aún falta mucho por hacer.

Los grandes males que han afectado crónicamente al sector salud persisten: La fragmentación del sistema, la desconfianza entre los diferentes sectores que no ha permitido poner en blanco y negro cuál es la cartera real consolidada ni lograr consensos en cuanto al modelo de atención que realmente necesitamos en el país, la ausencia de rectoría del ministerio, la absoluta incapacidad de la Supersalud para regular y sancionar a quienes corresponda, la salud pública es la gran olvidada y aún no tenemos claro de que nos enfermamos en Colombia, no hay una política pública para el talento humano en salud, no se ha logrado educar a los usuarios en el autocuidado y prevención de las enfermedades, además del importante déficit de especialistas médicos y de profesionales formados en Medicina Familiar, entre otros problemas.

Bienvenido el nombramiento de Juan Pablo Uribe como Ministro de Salud quien tiene gran experiencia tanto en el sector público como en la empresa privada, es médico, conocedor del ministerio ya que en épocas de Andrés Pastrana fue Director de Promoción y Prevención y además Viceministro, condiciones que le dan los galones para llegar a ordenar la casa desde el primer día pero que lo recibe enfrentando un déficit presupuestal de $800.000 millones al cierre de este año y un desequilibrio financiero estructural de aproximadamente 3.5 billones de pesos para el 2019 como el mismo lo ha reconocido, que si lo sumamos a la deuda total acumulada, estamos hablando de más de $10 billones, lo cual puede sonar inaudito pero es nuestra gran realidad.

El presidente Duque ha dicho que a las EPS se les pagará no sólo por afiliado sino también por la calidad en la atención que garanticen a sus usuarios por lo cual tendrán que establecerse rápidamente los indicadores que definan la oportunidad, calidad, gestión del riesgo y la eficiencia administrativa de estas aseguradoras, excluyendo a quienes no cumplan con estos parámetros.

Más del 50% de los Hospitales Públicos del país están en grave riesgo financiero, sólo al Universitario de Santander (HUS) las EPS y los entes territoriales le adeudan más de $205.000 millones haciéndolo casi inviable, mal generalizado que afecta mayormente a los Hospitales de mediana y alta complejidad y del cual no escapan las clínicas y prestadores privados que sufren de iliquidez constante y que muchos no han cerrado su actividad gracias a que los médicos y  otros trabajadores han debido asumir la carga del no pago de sus servicios que en muchos casos superan el año de atraso.

Por lo tanto de manera urgente se necesita llegar a un acuerdo de punto final de la deuda cierta que tienen las EPS, los entes territoriales, los particulares y el Adres por recobros NO POS con las IPS y de estas con miles de proveedores, estructurando los instrumentos financieros para que el Estado sea el garante de estos pagos como lo ha prometido el ministro y adquirir el compromiso de que las condiciones que generaron este desequilibrio no se vuelvan a repetir.

Esto requiere no sólo la voluntad del Ministro de Salud sino  también del Ministerio de Hacienda y del Congreso para que vía presupuesto general de la nación se le de liquidez inmediata al sistema y con la inclusión en el Plan Nacional de Desarrollo se garanticen medidas de corto y mediano plazo para que no se convierta en otra ilusión fallida para sacar adelante un sector que ha asumido con estoicismo la problemática que vive desde hace ya demasiado tiempo.

Se debe redireccionar el papel de la Supersalud  que tiene dientes pero no ha tenido la voluntad en la toma de decisiones, el Invima tiene que acercarse a la gente y potenciar su papel estimulando y no siendo obstáculo en la investigación en salud, el Ministerio tiene el reto de ser un articulador de todos los actores del sistema que históricamente se han comportado como enemigos, se deben reglamentar las leyes existentes antes de presentar nuevos proyectos, los hospitales tienen que dejar de ser centros de clientelismo y malos manejos, la implementación de la Atención Primaria en Salud debe centrarse en las enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes e hipertensión y en el cáncer que están matando a los colombianos.

No podemos dejar de lado una situación latente que es la atención a los cientos de miles de venezolanos que requieren servicios y que el país debe garantizar y que causan un impacto negativo en las finanzas de los departamentos y municipios, no la tiene fácil este gobierno que ya posee innumerables dificultades en todos los ámbitos pero tal vez el más grave es la inminente debacle del sistema se salud si no se toman decisiones en forma inmediata.

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