¿Y cuándo hablaremos de violencia sexual en colegios?

Por: Diego Ruiz Thorrens/ En menos de una semana, tres noticias relacionadas a la Violencia de Género, sacudieron las más importantes páginas y redes de noticias de nuestro país. Del lado positivo, la primera representa una grandiosa victoria frente al no silencio, la no estigmatización, la denuncia, visibilización y seguimiento de los casos de violencia sexual en universidades. Esto quiere decir, que las instituciones universitarias deben estar preparadas, no solo para construir rutas y/o protocolos de atención frente a los casos de violencia sexual y otro tipo de delitos contra la mujer, sino que al mismo tiempo, deben tomar acciones reales orientadas a la transformación de un flagelo del cuál poco se habla, pero que en su día a día, enfrentan muchas estudiantes (y también docentes) en las instituciones de educación superior.

Por el contrario, las dos siguientes noticias demuestran hasta qué punto nuestro más validado y pútrido machismo corroe las raíces de nuestra sociedad, afectando la integridad, la salud mental, física y emocional de todas las mujeres. Una de esas dos desafortunadas noticias proviene de nuestra querida ‘Ciudad Bonita’.

Vamos por orden: La primera noticia, ésta relacionada con la trascendental decisión realizada por la Corte Constitucional frente al injusto despido de la docente de la Universidad de Ibagué, Mónica Godoy, por sus seguimientos a los casos de violencia sexual dentro del plantel universitario, decisión legal que cubre el reintegro inmediato a la institución. Esta noticia, debe ser comprendida como un avance único en nuestro país dónde queda manifiesto que el argumento de la protección, discrecionalidad e “imagen” institucional no puede estar por encima del debate y de la denuncia de los casos de violencia que sufren miles de mujeres en las universidades de nuestro país.

La segunda noticia, está relacionada a un aberrante caso de violencia de género dónde estuvo involucrada una joven de 27 años que fue brutalmente golpeada, en repetidas ocasiones, por parte de su compañero sentimental. De ésta noticia, quedó expuesto el nivel de sevicia a la cuál fue sometida la joven: ella, recibió distintos golpes que fueron perpetrados por su compañero con un computador portátil, haciendo que la víctima casi perdiera un ojo. Frente a ésta noticia, realizaré un artículo más completo y extenso en una pronta ocasión.

La tercera noticia está relacionada con dos delitos aislados que transcurrieron en la ciudad de Bucaramanga: la participación de jóvenes menores de edad en dos casos de violencia sexual. En el primer hecho, la víctima es una menor con una discapacidad cognitiva. En el segundo hecho, la víctima es una niña de tan solo 12 años. Pero en ambos casos, éstos jóvenes, no contentos con abusar sexualmente de las menores, decidieron grabar el delito, haciendo difusión de las imágenes y videos entre sus compañeros de colegio.

A pesar que en ambos casos los responsables fueron capturados, siento queda un inmenso vacío (y un aturdidor y cómplice silencio institucional) frente a las acciones que deberían ser realizadas desde tiempo atrás por parte de instituciones educativas, de salud, de interior y de juventudes tanto municipales y departamental, frente a la garantía de protección y derechos de las niñas de Santander.

También, ello debe acercarnos a la reflexión frente a qué estamos haciendo como sociedad y por qué ésta violencia se sigue perpetrando sobre los cuerpos de las menores, dónde tristemente, según los casos registrados por Medicina Legal y Ciencias Forenses en nuestro país, más del 90 por ciento de los casos, la violencia proviene del propio núcleo familiar de las menores. En muchos de estos casos, la vulneración termina siendo validada y replicada por los docentes y compañeros de las menores en las instituciones educativas.

Es necesario el dialogo sobre violencia sexual y violencia de género dirigidos a menores de edad, por más chocante y aterrador que les pueda parecer a muchos padres y docentes. De la misma forma, debemos confiar en los testimonios de las menores que son o han sido víctimas de violencia sexual y violencia de género sin caer en la revictimización.

Es urgente que éste dialogo se dé a partir de la escuela y en cada una de las aulas de bachillerato, por más miedo y temor que ello nos genere.

En una época de celulares, sex texting, aplicaciones y otros que pueden transformarse en herramientas en contra de la salud mental de los niños, en especial de las niñas, ojalá todas y cada una de las instituciones públicas y privadas, en especial, aquellas de educación básica primaria y secundaria de la mano de todos los representantes y sectores de padres de familia, puedan transformar el miedo al dialogo sobre sexo y sexualidad ante la lógica de “todo aquello que no se expresa, no existe”.

Es hora de enfrentarnos con amor y respeto a la educación sexual y la diversidad sexual, a los derechos humanos, pero ante todo, a aprender a escuchar las voces de los niños y las niñas, y así, ser capaces también de traducir sus miedos, más cuando quizá detrás de sus voces, puedan hallarse ocultos el testimonio de la violencia sexual y la violencia de género.

Twitter: @Diego10T

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