El asesinato de líderes sociales

Por: Édgar A. Henao/ Justo cuando pensábamos que el exterminio selectivo de defensores de derechos humanos y líderes sociales se había reducido, aparecen las bandas criminales para recordarnos lo contrario.

La capacidad de  superarse en barbarie y arreciar en ataques no es sorpresa, la larga estela de muertes  violentas en las dos últimas décadas son muestra de  ello. Es sorpresa, sí, al menos en el aspecto formal, que después de la firma del Acuerdo de La Habana, el Gobierno nacional haya hecho poco menos que nada para garantizar la vida de tales personas.

De hecho, uno de los compromisos asumidos por el Gobierno de Juan Manuel Santos fue implementar esquemas de seguridad que impidieran repetir la tragedia de la UP, la cual, tratándose de una cifra que se acerca a 200 muertes de líderes sociales, a partir de la firma del Acuerdo, demuestra la crisis de legitimidad que se cierne sobre el Estado para garantizar lo pactado con el entonces grupo insurgente Farc-EP.

La velatón, promovida en todas las ciudades del país como propósito noble de hacer memoria y registrar de forma simbólica el luto que padece Colombia por el asesinato de líderes que se esmeraban por construir tejido social, demuestra la importancia de tomar conciencia por nuestros muertos, sin importar el bando de origen.

Lamentable escuchar la indiferencia de ciertos políticos y algunos medios que sin sonrojarse aluden a supuestos razones oscuras como que quién sabe qué estaban  haciendo, o eso fue por pertenecer a la izquierda radical, como si esas razones justificaran el exterminio humano.

Estamos en una etapa crucial de nuestra vida republicana, tenemos la posibilidad  de exigir que todas las instituciones, incluidas el Congreso y el Gobierno Nacional, asuman una postura clara  y contundente sobre este particular, que en últimas concierne a un aspecto medular del Acuerdo de Paz y que su desconocimiento pone en entredicho aspectos tan sensibles como la Justicia Especial para la Paz, que tanta hace falta para esclarecer los crímenes de la guerrilla y ciertos agentes del Estado.

Obvio, los partidos políticos actuales no tienen la capacidad de transmitir estas preocupaciones colectivas. Pero una  movilización social, informada, dispuesta a encarar tales problemas  es aquella que exige, por medio del voto, candidatos dispuestos a priorizar en sus agendas aspectos asociados a la justicia social y a la protección de las personas declaradas objetivos militares por los grupos armados ilegales.

Visibilizar, el primer paso para un toma de conciencia. Si la sociedad colombiana no se entera de los crímenes de nuestros líderes sociales, que dicho sea de paso, en su mayoría son de extracción humilde y trabajaban en zonas apartadas de Colombia y además no se crean espacios para reflexionar en  cómo nos afecta como país, muy seguramente seguiremos en el derrotero que hoy nos mantiene así, uno de los países suramericanos  con mayor inversión de su Producto Interno Bruto en gasto militar, pero sin las condiciones mínimas que garantizan la vida en condiciones de paz.

Correo: henaot@gmail.com 

Twitter: @henaot1

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