¿Alguien quiere (de verdad) pensar en los niños?

Por: Diego Ruiz Thorrens/ La primera vez que escuché ésta frase (que literalmente dice: “¿alguien quiere pensar en los niños?”, sin el “de verdad”, que incluyo intencionalmente) provino de un capítulo de Los Simpsons por allá en la década de los noventa. Helena Alegría (o en Inglés, Helen Lovejoy) esposa del Pastor Alegría, la inmortalizó en el episodio: “¿Y Dónde Está el Inmigrante?” (Temporada 7, capítulo 23 de Los Simpsons, año 1995), mientras le exige llorando con ojos secos al Alcalde Quimby (o Diamante, traducción al español) una mayor protección frente a una posible “invasión de los osos” (cuándo en todo el capítulo sólo aparece un único ejemplar).

En dicho capítulo, la frase adquiere una profunda repercusión cuando el problema (la supuesta amenaza de los amigos peludos) lejos de resolverse, se complica: Ante la negativa por parte de los ciudadanos de pagar el impuesto por la recién creada “patrulla anti osos”, el alcalde Diamante se ingenia un enemigo imaginario, políticamente bien pensado, a quién culpar frente al aumento de los impuestos en la ciudad de Springfield: Los inmigrantes ilegales.

Con fina hilaridad, el Alcalde Diamante expresa lo siguiente sobre el pueblo que dice representar: “¿Se han hecho más idiotas o más gritones?” – “más idiotas señor, quieren a la patrulla anti osos pero no quieren pagar más impuestos”, responde su asesor. Al verse acorralado, el Alcalde Diamante expresa: “Éste asunto requiere liderazgo de verdad” y cínicamente, dirigiéndose ante la turba, continua: “Amigos, sus impuestos son altos por causa de los inmigrantes. Así es, los inmigrantes ilegales, ¡deshagámonos de ellos!”. Aquí, complot es brillante y la respuesta (la xenofobia para éste caso), es la esperada.

La trama construida por el Alcalde Diamante sirve como metáfora para demostrar cuán fácil, macabro y sencillo es encontrar enemigos en aquello que no comprendemos (o que no queremos comprender) o que sencillamente no existe (un ejemplo, la llamada “ideología de género”) en vez de mirar al interior de nosotros como seres humanos y reflexionar en qué y cómo podemos estar fallando como sociedad.

En éste análisis, es dónde considero que las palabras de Helena Alegría (vívida representación de los sectores radicales que gustan emplear a los más vulnerables como herramienta política para generar molestia, lástima, indignación social o sencillamente debate de opinión, haciendo poco o nada al final por éstos) y las dichas por el Alcalde Diamante (representación del perfecto político mediocre capaz de culpar de sus propios errores políticos a los demás) se repiten de manera tan descarada en nuestros círculos políticos y sociales santandereanos, que llegamos al punto de naturalizar e ignorar la cruda realidad, mientras nos enfocamos exclusivamente en observar aquello que ciertos sectores políticos/sociales nos quieren enseñar.

El ejemplo más potente y poderoso para éste escenario (el de sólo ver aquello que otros quieren que veamos) la razón para escribir éste artículo, es nuestra imposibilidad de observar el trasfondo que existe en la movilización de cientos de miles de venezolanos que huyen de su país hacia puntos equidistantes del Continente Americano, resaltando nuestra mísera miopía frente a la vida de aquellos niños que caminan jornadas inhumanas junto a sus padres huyendo de la hambruna y con miras de encontrar un mejor futuro.

Lo explicaré de la siguiente forma: Nuestros enemigos imaginarios, aquellos “inmigrantes ilegales” de los que habla el Alcalde Diamante, son todas aquellas personas que conforman la marea humana proveniente del vecino país, con o sin permiso especial. Tristemente, miles de connacionales ven como enemigos a nuestros vecinos.

Nuestros “Diamantes”, son todos y cada uno de aquellos políticos que han tomado cuestionables e improvisadas decisiones políticas frente al arribo de Venezolanos a nuestra ciudad, como son el popular Alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, o incluso el mismo Gobernador de Santander, Didier Tavera.

Aquí, el primero nunca cumplió con las expectativas que trazó hacia la población más necesitada proveniente de Venezuela, en mínimos como gestión con organismos internacionales, atención humanitaria o programas de salud. El segundo, pareciera no estar interesado ni en pronunciarse ni en tomar cartas en el asunto, permitiendo con ésta omisión y sepulcral silencio todo tipo de atropellos contra una población que sigue pidiendo nuestra ayuda.

Nuestras “Helenas”, son todos aquellos sectores políticos (y algunos sociales) que repitieron (y repiten) la inclemente mentira de la “venezualización de Colombia”, aumentando la xenofobia y el maltrato hacia los extranjeros (incluso hacia aquellos inmigrantes que cruzan por Colombia provenientes de países en guerra del medio oriente).

Y las víctimas reales, la realidad que nos negamos a ver, son las decenas de niños y niñas venezolanos que acompañan a sus padres en todo momento mientras los adultos venden dulces en semáforos, en el transporte público como Metrolínea, fuera de las iglesias o de algunos supermercados, entre otros espacios.

¿Alguien en verdad estará pensando en éstos niños? ¿Alguien quiere (de verdad) pensar en los niños? Aquí, invito a cada organización social, a cada ciudadano, a los entes municipales y departamentales a cumplir con los mínimos de ayuda humanitaria.

Sí, también en Santander hay menores que mueren de hambre. Pero ya es hora que dejemos de rasgarnos las vestiduras, hagamos algo y recordemos que todos los niños, independiente de su origen, también tienen derechos.

Ah y por si nunca ha visto el capítulo en mención, aquí les comparto el link del show de los Simpsons.

Twitter: @Diego10T

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