La ‘Colombia Humana’, el voto en blanco y los narcisistas

Por: Giovanny Camacho Caballero/Razón tenían los viejos anarquistas cuando, ajenos a las tradiciones políticas herederas de la teoría política de Maquiavelo, desdeñaban el carácter autónomo de la política, pues no podían entender el ejercicio del poder y la búsqueda del mismo, sin asumir la estrecha interrelación entre lo político y lo ético; esto fue sintetizado con cierta maestría por el filósofo español Manuel Sacristán a quien gustaba decir que la política sin ética es politiquería y que la ética sin política es narcisismo.

Pues bien, a pocos días de la elección presidencial y con ocasión a la discusión que ha suscitado la campaña forjada desde un sector autodenominado de “centro” y por parte del senador Jorge Enrique Robledo, seguido en estas tierras por el novato senador Leónidas Gómez, quienes, después de la primera vuelta se han abrogado el pontificado de la rectitud moral frente a la que denominan perniciosa polarización, ante tamaña pretensión, se hace necesario desentrañar su indiferencia y su egoísmo ético.

La campaña narcisista iniciada por Robledo y Cía., ha decidido sin más, contra la propia evidencia, que el voto en blanco los exime de la responsabilidad política frente a la elección de un candidato que aglutina toda la vieja clase política que ha permitido que Colombia esté en el pódium de los países más desiguales del mundo; estos tonsurados, desdeñan toda la tradición que, basada en la mentira y la corrupción política, representa con talento el candidato de Álvaro Uribe Vélez.

Esta decisión narcisista entiende la ética como un asunto subjetivo, es su ética la que está en entredicho y la que muestran con inusitada y sospechosa insistencia a la opinión pública, con lo cual, de un tajo, terminan aceptando que la cuestión política no es un tema de intereses colectivos sino solo un cálculo frente a su futuro electoral; consecuencialmente, desoyen el momento histórico y el estado social del país como lo denominaba con acierto Tocqueville; de ahí que haya resultado por demás llamativa y chocante la expresión utilizada por el excandidato Sergio Fajardo, quien, sin ruborizarse, salió a avistar ballenas en el pacífico para alejarse del “mundanal ruido”.

No es una decisión tan simple. Todo lo que hacemos tiene consecuencias morales, precisamente porque somos libres de decidir qué hacer, esto es lo que enseña la moral que es la ética que involucra intereses colectivos.

En este caso, si uno hace un balance, encuentra que el voto en blanco arroja, en relación con el futuro de la cuestión política, consecuencias morales y constitucionales alarmantes, no se trata siquiera del respeto a los ideales democráticos, de los cuales “el que diga Uribe” tendrá que aprender a irrespetar, pues ese es el entendimiento de la democracia en el “Estado de opinión” del expresidente Uribe. No. Se trata incluso de una cuestión más fundamental, la salud de las instituciones republicadas, esto es, los asuntos ligados al propio ejercicio del poder.

Esto es así, en tanto que parte de quienes rodean al inexperimentado candidato de Uribe, acumulan toda la vieja y corrupta política que utiliza la clientela como estrategia del reparto del poder; ya veremos -si no se toma una decisión razonable el próximo 17 de junio- al señor Alejandro Ordoñez pontificando su particular y autoritaria idea de la moral, que excluye y discrimina a las minorías históricamente desprotegidas; veremos a un futuro contralor elegido para la impunidad; observaremos impávidos el archivo de las investigaciones por la corrupción en la Ruta del Sol, Hidroituango, Reficar, por citar solo algunos; acudiremos al apoderamiento por parte de Álvaro Uribe del Congreso y la Presidencia, y la persecución a la Rama Judicial para procurar su impunidad, asistiremos, en últimas, a la destrucción de la Constitución de 1991.

En un ejercicio responsable, las ciudadanías libres deberían observar los últimos movimientos de Álvaro Uribe; su ataque a opositores políticos, su utilización artera de la mentira en la confrontación política, el rechazo al debate frente a la segunda vuelta presidencial, la confabulación de cierta clase política profesional que hace un solo cuerpo en torno a un candidato. Eso es quizá, si no me equivoco, lo que el profesor Antanas Mockus pensó y por lo que decidió, en un acto de verdadera coherencia, apoyar al candidato de la Colombia Humana.

La campaña iniciada por el autodenominado centro, que entiende que su voto es “libre” y claro que lo es, pasa por alto que la ética-política indica que no solo somos éticamente responsables por lo que hacemos, sino también por lo que dejamos de hacer; de ahí que, se insiste, la ética pública no es una cuestión subjetiva.

Si bien es cierto la moral solo se entiende entre seres libres, si uno es libre de votar en blanco, la consecuencia moral es que permite que cierta clase política tradicional ligada a la corrupción tome el poder y con ello se pongan en riesgo las instituciones republicanas, mientras que un voto pensado en clave de ética pública, creo yo, permite atajar esas consecuencias.

Esta situación puede ser remediada por parte de la ciudadanía libre, si se decide por la opción de la ‘Colombia Humana’, en razón a que Gustavo Petro conjuga, fundamentalmente, el ejercicio de la política con una propuesta profundamente ética, la intención de construir una economía de la productividad inventando nuevas y mejores formas de hacer las cosas que benefician a todos, la pretensión de corregir las desigualdades a partir de asumir en serio el principio constitucional de la igualdad de oportunidades, el propósito de defender la paz alcanzada con las extintas Farc, la reivindicación de los campesinos desposeídos de tierras fértiles, el ataque frontal a la corrupción histórica y la moderna lucha contra el cambio climático.

Estamos a una X de decirle no más a quienes han hecho enorme daño a la salud de la nación y por ello, se hace fundamental apoyar al candidato Gustavo Petro, quien, a día de hoy, como el que más, ha buscado acuerdos programáticos y transparentes, pues hace suyo aquello que señalaba el Juez Thurgood Marshall: “La democracia no prospera en medio del odio. La justicia no se arraiga en medio de la furia. Debemos oponernos a la indiferencia. Debemos oponernos a la apatía. Debemos oponernos al temor.”

Twitter: @Giovannycamach – Facebook: facebook.com/giovanny.camachocaballero

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