¿El hombre pasó de ser victimario a víctima?

Por: Luz Elena Mojica Gamboa/ Hace unos días el Departamento de Humanidades de la Universidad de Santander (UDES), me invitó a participar en un evento académico de la Facultad de Salud, dirigido por la historiadora y filósofa Dayana Angélica Rueda; el cual fue organizado por los estudiantes de Fonoaudiología, Enfermería, Fisioterapia y Terapia Ocupacional, en desarrollo de la cátedra, “Política Pública de Género”.

En la actividad, los estudiantes abordaron la temática desde dos perspectivas, la de la mujer y la del hombre. Me explicaron con claridad qué era el acoso sexual, qué es el feminicidio sustentado en la ley 1671 del 6 de julio de 2015 y sobre  la ley 1773 de 2016 o Ley Natalia Ponce de León; normas para mí de frecuente consulta.

De igual manera me expusieron sobre la Ley José, métodos anticonceptivos para hombres y los tipos de violencia hacia este género; ubicando en la solapa de mi chaqueta un botón que decía “Ni un minuto más de silencio por un hombre maltratado”, slogan que llamó poderosamente mi atención. El estudiante muy bien argumentado me expuso con claridad que hoy los hombres son violentados de forma psicológica, física, patrimonial, sexual, económica; existiendo la desigualdad y la discriminación para ellos.

Indagué sobre esta afirmación y encontré que el maltrato físico o psicológico contra el hombre va en aumento; su origen pueden ser los problemas económicos o las adicciones.

En este sentido los expertos señalan que el hombre al ser desplazado como proveedor de los bienes de la familia, al disminuir su salario o quedar sin trabajo, aparece una situación que daña su autoestima y aumenta la agresión del grupo familiar hacia él.

Los índices de violencia de pareja cada día aumentan, creyéndose siempre que la que lleva la peor parte es la mujer, de ahí que en mayor medida, la legislación colombiana y  las campañas educativas estén dirigidas a la protección integral de las mujeres; indudablemente es cierto , la opresión a la mujer es la que más se destaca; pero el día a día, nos está mostrando un acelerado crecimiento en la agresividad contra los hombres, en especial en la vida doméstica; lo cual es muy difícil detectar por la cultura.

En cifras son mucho más los casos de violencia intrafamiliar contra las mujeres; pero el maltrato contra los hombres es constante y sus parejas aprovechan que no denuncian, por temor a burlas, descalificación o rechazo social. El hombre que se siente abrumado por su pareja cree que hay que aguantarla por naturaleza, así me lo exponen en mi  Fundación “Luz Verde”, donde diariamente atendemos ocho casos de violencia intrafamiliar, de los cuáles en dos de ellos, se registra como víctima al hombre.

En una sociedad machista, como la nuestra; aún causa risa y es insumo para burlarse de los hombres que se sienten víctimas, por ello es un tema que poco se debate y que ellos no denuncian, porque  afecta la masculinidad, el hombre se siente avergonzado, él sabe que debe ser el más fuerte.

Justo en este mes de junio, fecha calendada para rendirles homenaje a los papás, he querido reflexionar sobre el tema; porqué está ocurriendo este flagelo, ¿es culpa acaso de la mujer? ¿El hombre pasó de ser victimario a víctima? O estaremos ante la disyuntiva, ¿el hombre ataca a la mujer, o viceversa, la mujer ataca al hombre? O ¿los dos se agreden mutuamente?

La historiadora y filósofa Dayana Angélica Rueda,  afirma que “las mujeres nos hemos ido empoderando al hacernos desde los años cuarenta en Colombia profesionales  y cada vez más competentes en el ámbito académico, profesional y público. La violencia psicológica contra el hombre comienza cuando le condenamos a un hombre “suave” como falto de hombría, lo escuchamos en la calle cuando un hombre queda sin empleo y su pareja pone en tela de juicio su masculinidad o podemos identificarlo cuando no puede pagar una cuenta y la mujer le humilla con ello.

Desde mi perspectiva, estoy convencida de que este comportamiento tiene que ver con la errónea interpretación de las libertades sociales, políticas y económicas  de la mujer, cuando adquiere poder en la conquista de espacios sociales y culturales, por lo tanto existe un desequilibrio en las relaciones de pareja o laborales  por la posición en la sociedad, por un lado existen celos, resquemores, por ello hay condición de ruptura que genera violencia.

No obstante estos avances de posicionamiento de la mujer en nuestra sociedad que la hace dominante, autoritaria, imperativa; no la convierte en la única culpable; es una característica de una sociedad compleja que hace tiempo se viene presentando, son las condiciones de cultura, formación, traumas de alguno de los dos y se expresa en la pareja.

Hay circunstancias o condiciones que conllevan a esos comportamientos, es necesario buscar ayuda con psicólogos o terapeutas, realmente la crisis se genera en la formación de valores éticos, ciudadanos, formación de la personalidad, es una consecuencia de qué hay detrás de cada ser humano, hombre o mujer, por ello no se puede señalar quien de los dos tiene la culpa, estamos en una sociedad enferma, donde reina la violencia sin importar el género.

La solución jamás será victimizar al uno o al otro. Debe estar en el manejo de relaciones responsables, de confianza, equidad y armonía; en la formación cultural y educación en relaciones de equidad de género que permitirá la sana convivencia para erradicar la violencia de toda especie, tal y como lo hicieron los estudiantes de la UDES, quienes generaron un espacio de reconocimiento entre los jóvenes, aceptándose en las similitudes y respetándose en las diferencias. Extraordinaria jornada educativa, es un modelo a seguir para otras Universidades;  gracias profe Dayana por la invitación.

En síntesis  las relaciones interpersonales deben ser como un “avión”; el cual puede volar porque tiene dos alas iguales, prevaleciendo el respeto en ambos, tanto en el hombre como en la mujer y de esta manera no habrá ni víctimas, ni victimarios.

¡Feliz día del Padre!

Twitter: @LuzElenaMojicaG – Facebook: Luz Elena Mojica Gamboa

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