El fin del Congreso de la paz

Por: Germán Arenas Arias/ El domingo 20 de julio de 2014, durante la instalación del Congreso de la República que resultó elegido para el período 2014 – 2018, el Presidente Juan Manuel Santos pronunció un discurso con el que bautizó al nuevo cuerpo legislativo como el “Congreso de la paz”, el cual tendría en sus manos la responsabilidad de apoyar la implementación de los acuerdos y de legislar para una nueva nación: la nación del posconflicto.

Dos años después, en julio de 2016, reiteró su mensaje. En el Salón Elíptico de la Cámara les dijo a los Representantes y Senadores: “gracias, muchas gracias Congreso de Colombia, por ser el Congreso de la Paz”. Y es que según el Presidente, estaban pavimentando “el camino de la paz y la reconciliación de los colombianos, que es como decir el camino de vuelta a la normalidad”.

Tres meses más tarde, en octubre de 2016, el Plebiscito por la Paz, un experimento fatal para Santos, fue votado negativamente. Desde ese momento “el camino de la normalidad” se truncó, se nos hizo más largo, menos llevadero y a día de hoy seguimos encontrando baches.

Ahora en mayo de 2018, que ya estamos acercándonos al último mes de sesiones ordinarias en el Legislativo parece un tanto difícil concluir de manera contundente que sí, que efectivamente éste que tuvimos, fue el Congreso de la paz.

Es cierto que tras la derrota del plebiscito, el Congreso refrendó el Acuerdo de Paz, pero es que no tenía de otra. También es verdad que durante el tiempo del Procedimiento Legislativo Especial para la Paz (Fast Track) este mismo Congreso aprobó normas claves para su implementación, pero no las suficientes.

Parece que el desafío de legislar para una nación del posconflicto superó las capacidades instaladas.

Hubo una mayor concentración de esfuerzos en permitir la desmovilización y participación política de las FARC, específicamente de sus figuras más visibles… y más cuestionadas también. Sin embargo, los asuntos relacionados con la tierra y las drogas ilícitas, aspectos neurálgicos, detonadores y multiplicadores del conflicto armado, siguen inconclusos.

El próximo 20 de junio será el último día de comisiones y plenarias y eso en la práctica significa el fin del Congreso de la paz. En todo caso, con la terminación del Fast Track en diciembre, se acabó también el compromiso por completar la tarea respecto al paquete de normas para hacer efectivo el Acuerdo. Y en ello, el propio Gobierno de Santos fue el mayor responsable. Lo que predomina en la agenda de hoy son proyectos muy variados. Por ejemplo, en las Comisiones Primeras, se tramita con mensaje de urgencia la convocatoria para la elección del Contralor General; y en la Comisión Tercera se acaba de aprobar el proyecto que elimina los tres ceros del peso.

Las campañas políticas que se le atravesaron al proceso de paz resultaron ser de lo más desafortunado y ni hablar de las crisis que generaron los escándalos de corrupción y que salpicaron a congresistas, funcionarios, entidades y multinacionales. Sumado todo, los únicos vencedores en estos cuatro años fueron la polarización, el incremento de la desconfianza hacia las instituciones y un sentimiento de hastío, de cansancio con el que debería ser un objetivo nacional: la paz.

Esperemos que el que Congreso que viene complete las asignaturas pendientes y en una doble vía, le cumpla a las víctimas, que se quedaron esperando su participación efectiva y satisfaga los derechos del grueso de una parte de la población que también sigue en espera de soluciones en materia de empleo, salud y justicia.

Twitter: @German_ArenasA

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