Editorial: Solidaridad con los hermanos

Por: Juvenal Bolívar, director Corrillos/ Durante los últimos días se ha generado un ambiente enrarecido, de inconformidad y de disgusto por la presencia masiva de familias venezolanas en Santander. Los parques de Bucaramanga, especialmente, se han convertido en su ‘hotel’ natural.

Ese malestar, que ya es latente en redes sociales, en la esquina del barrio, en algunos comentarios en radio, no son gratis. Ver que la otrora Ciudad Bonita se ha convertido en un paisaje poco digno de admirar, nos lleva a pensar sobre la necesidad de hacer algo… y pronto.

La situación se hace peor cada día, el hambre y las necesidades, ha llevado al desespero. Uno que otro se ha dado a la tarea de delinquir, incluso ya se habla de asesinatos con la autoría material venezolana.

Hoy en nuestra tierra estamos enfrentando lo que alguna vez los gringos vivieron en ciudades como Miami, la masiva llegada de cubanos, quienes se atrevía (hoy aún lo hacen) en surcar el océano en una pequeña balsa, para alcanzar una gota de mejor vida fuera de los tentáculos del régimen de los Castro.

El éxodo es masivo, ya lo hemos visto por videos que circulan por Whatsapp y también por los noticieros de televisión. Viejos y jóvenes deciden atravesar la frontera, caminando días con lo poco mucho que pudieron traer. Y a sus hombros sus pequeños hijos, que no entienden la situación, pero son los que más sufren.

No hay un solo semáforo que no esté ‘habitado’ por venezolanos, intentando arañar unas monedas para subsistir. He visto –mientras cambian las luces- a muchachos que deberían estar en la universidad estudiando, limpiando los vidrios de los carros, muchos acompañados de su bebés, a quienes acomodan en algún sitio del rústico suelo, para poder ‘trabajar’.

Tendría uno que ser ciego y sordo para no darse cuenta de la triste realidad en la que subsisten estas personas. Y tendría uno que carecer de corazón para no empañarse los ojos de lágrimas al ver cómo sufren nuestros hermanos venezolanos en una tierra que no es la suya.

Me preocupa que la migración de venezolanos esté generando problemas sociales y de orden público, pero me preocupa mucho más, que las autoridades estatales y organismos de socorro, como la alcaldía de Bucaramanga, la Gobernación de Santander,  la Cruz Roja, la Defensa Civil, las Ong internacionales con asiento en Colombia e incluso, la cancillería y el mismo consulado de Venezuela en esta ciudad, no asuman su responsabilidad de atender a estas personas.

Entiendo que a veces nos sentimos aterrados, que ver a estas personas en la calle nos cause algún temor de ser atracados… Cierto, hay uno que otro que optó por el camino del mal para sostenerse. Pero no podemos señalar al cien por ciento de estas comunidades por la mala cabeza de unos cuentos. No debemos estigmatizarlos.

Pasó Navidad y ellos estuvieron postrados en los parques, luego celebramos el año nuevo y ellos debieron brindar en silencio, llega ahora la época de estudio y muchos deberán cerrar los ojos y pasar por alto el matricular a sus hijos ante la situación económica. Vendrán más épocas en las que ellos, ante la adversidad, sigan aferrados a la esperanza, a Dios que tal vez es el único que no los ha abandonado y a la buena voluntad de los bumangueses.

Entiendo que “no hay presupuesto”, que “la plata no alcanza para atenderlos” y que “no es nuestra responsabilidad”. Lo que no entiendo es la paquidérmica gestión interinstitucional para atender este flagelo. No hablamos de una calle sin pavimentar, la cual puede esperar; tampoco nos referimos a la construcción de polideportivas, que al final no son tan importantes para subsistir.

Lo que verdaderamente es urgente y necesario es atender a las personas, sean negras o blancas, sean altas o bajas, sean colombianas o venezolanas. Uno no entiende que si en un Estado Social de Derecho lo más importantes es la vida, la integridad física y la dignidad de las personas, entonces ¿por qué le damos tantas vueltas para llevarles una solución concreta a nuestros hermanos venezolanos?

Insto a la Personería de Bucaramanga y a la Defensoría del Pueblo para que asuman su papel de defensa de los derechos de la gente y que interpongan ante los estrados judiciales las actitudes de los gobernantes, que tienen el deber de avanzar sobre la atención de esta población.

Mi solidaridad con estas personas.

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