“Sin pena, ni gloria”

Columna de Laura María Jaimes, Psicologa/ Si, ¡Llegó el momento!, en que los poderosos de este país deben salir en “pantalla” y empezar a decir lo que hicieron o lo que no los  dejaron hacer; con el mismo discurso convincente que utilizan desde hace un buen tiempo y con el mismo objetivo, el cual es  persuadir sin escrúpulos al pueblo. Con estrategias que logran que la gente los siga,  pues la profesión de político “es rentable”.

Si no fuera rentable muchos mal llamados líderes no volverían a las contiendas electorales; sin embargo, les queda gustando, o no saben hacer otra cosa,  y empiezan a armar sus discursos convincentes, para que el pueblo caiga nuevamente en su red. Y es cuando,  empieza el voz a voz, con dichos populares como por ejemplo: “este por lo menos roba, pero sí hace”,  “es mejor malo conocido que bueno por conocer”, “izquierda,  derecha o  centro, todos roban”,  “es como Robín Hood, roba pero reparte a  los pobres (miserias)” “este partido político es el mejor”, “todos son corruptos” etc.

No obstante, el partido político y las demás manifestaciones son lo de menos, aquí lo que vale es la habilidad que se tenga y el dinero que se invierta en su campaña; se puede estar en el partido más “popular” del momento, pero lo importante es tener posibilidades económicas para sacar su respectivo “ahorro” y empezar a hacer campaña.

Ahora bien hablemos de los que pasan por el gobierno, pero el gobierno no pasa por ellos, como se diría: pasan “sin pena, ni gloria”; no hacen nada por nadie ni por nada, nada los mueve ni los conmueve, ni los niños, ni los adultos mayores, ni las mujeres cabeza de familia, ni los enfermos pidiendo que los atiendan, ni los desplazados (reales), ni los adolescentes que están  cayendo en las drogas, ni ninguna otra problemática social. No sabemos ¿por qué?; si es por miedo, por mediocridad, por temor o porque simplemente llegaron al poder “pero no querían o solo querían reconocimiento”; y pasan su administración echando culpas a los que estaban, a los que no dejan, a los corruptos  o a los que hacen oposición. En todos los casos nunca tienen la culpa de nada; así seguimos en las mismas y con los mismos.

A pesar de todo este caos, se ha venido avanzando y se puede reconocer que, en este momento, el concepto de política está cambiando y diríamos que este cambio es positivo al provocar que muchas personas estén manifestando su inconformismo ante esta situación de atropello y la evidente corrupción existente en el país, que ya es un completo desastre. La calidad de vida se está deteriorando y este clima de insatisfacción, de inconformismo y de rechazo se está volviendo viral, nos manifestamos diciendo que no queremos más esta situación lamentable provocada por quienes están perpetuados en el poder.

Este inconformismo es bueno, es el momento para cambiar el discurso y ser realistas, se necesita un país con gobernantes íntegros: concejales y diputados honorables, alcaldes y gobernadores administradores del erario, y representantes y senadores conocedores de la realidad del pueblo, construyendo proyectos para favorecer al pueblo, todos con una academia demostrable,  no para pelear  en discursos mediáticos, o repartir “miserias”; pero si para que busquen  mejorar la calidad de vida, construyendo empresas sostenibles, y velando por el  bienestar común , como por ejemplo, un servicio de salud de calidad, que el campo sea sostenible y las fincas se conviertan en empresas con producción constante, que la educación sea para todos en igual de condiciones,  y en general por que se haga respetar los derechos fundamentales del ser humano.

Pero todo esto se da cuando hay conciencia social y nosotros, los de a pie, los del mismo estrato, debemos ponemos de acuerdo para no permitir más  discursos convincentes. Como decía Albert Einstein: “si quieres entender a una persona, no escuches sus palabras, observa su comportamiento”.  De acuerdo con esto, miremos los actos de los políticos, su familia, su amor por el prójimo, su real entrega al servicio; con el dinero se compran muchas conciencias, pero eso solo dura un instante, luego vuelve al olvido. Sin embargo, el diario vivir es diferente, las responsabilidades son reales  y la desigualdad social lleva al punto de crear una crisis generalizada.

Ponernos en los zapatos del otro, sería “dar el primer paso” como dice el papa Francisco. Muchos padres y madres cabezas de familia sufren sólo pensando cómo llevar a sus familias el sustento para cubrir sus necesidades básicas, y a esa situación volvemos permanentemente. No obstante, como tal  señala Abraham Maslow: “Caminarás adelante hacia el crecimiento o caminarás hacia atrás hacia la seguridad”. No podemos volver hacia atrás por sentirnos “seguros” un instante, eso es la desesperanza; al decir “dejemos así” o  “para que si todo sigue igual”, es cuando estamos entrando en esa pérdida de la autorrealización, que es la única que nos sostiene como personas únicas e irrepetibles.

Otra opción muy escuchada es la abstención o el voto en blanco, pero esto es permitir que todo siga igual, es seguir tolerando que los que han hecho tanto daño sigan “sin pena, ni gloria” en el gobierno, aunque con bastante gloria para ellos, ya que monopolizan los recursos públicos para vivir en un confort real que los vuelve inmunes y deshumanizados dando la espalda a los problemas sociales, problemas que son los que mueven el sentido de la política y el deseo de servir,  por esto, es necesario tomar una decisión  que permita que este País se convierta en un territorio sostenible, elegir y que esas manifestaciones de inconformismo se cristalicen en gobernantes íntegros. Armémonos de valor, como dice Albert Einstein: “Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor”; logremos que este valor permita decir ¡No!, no más a tanta hipocresía, no más a tanta mediocridad, no más a tanta desinformación, no más a tanta miseria, no más; llegó la hora de tomar las decisiones que definan el destino de este país.

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