¿Qué hace de Santander un departamento ‘preparado’ para afrontar posibles riesgos naturales?

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El fenómeno del Niño, el más duro en los últimos 50 años, fue el abrebocas para Ramón Ramírez, el nuevo Director de la oficina de Gestión del Riesgo de Santander. Desde finales de 2015 y principios de 2016 Santander ardía y la tierra se cuarteaba. Varios meses sin caer una gota de agua, la tierra abrasaba, las cosechas se perdían, la gente caía agotada por la sed, los agricultores se rendían ante las deudas y el ganado se moría. La temperatura llegó a niveles históricos. El agua era el don más preciado y los incendios forestales arrasaban a 22 municipios santandereanos. Lenguas de fuego se vislumbraban en el horizonte.

En California un incendio amenazaba con acabar gran parte de la flora y fauna de la zona de páramo. Fue necesario utilizar cuatro helicópteros y convocar a 260 integrantes de diferentes organismos de socorro y del Ejército y Policía para extinguir el incendio.

El fuego se comía 400 hectáreas de palma en Puerto Wilches. Los incendios forestales afectaron en total tres mil hectáreas en ese solo municipio. Sabana de Torres no fue la excepción al contrario es el municipio santandereano en donde se registra el 30 por ciento de los incendios forestales en temporada seca.

Y como después de la sequía viene la riada. Pasado el verano el cielo descargó en invierno de 2016 toda el agua que tenía represada. De la sequía, el fenómeno del Niño, se pasó a la máxima precipitación acuosa, el fenómeno de La Niña. Inundaciones, desbordamientos, remociones en masa, carreteras colapsadas, bancas que ceden, trochas intransitables, alertas por crecidas súbitas de ríos y quebradas que amenazaban a la población. Y de contera la tierra que se sacudía. Santander con el segundo nido sísmico más grande del planeta y Los Santos, el municipio santandereano que casi siempre figuraba como epicentro en los reportes del Ingeominas.

Era como para enloquecerse o para coordinar con precisión. Ni un grado de frío ni un grado de calor podía excederse en las decisiones. Defensa Civil, Bomberos, Ejército, Policía, Cruz Roja, grupos ciudadanos, y centenares de otros voluntarios querían sumarse a la causa y aunar esfuerzos para ayudar, responder en la tragedia, atender al necesitado, darle la mano al caído. Pero todo esfuerzo de no ser coordinado con exactitud milimétrica generaría más caos y la tragedia se magnificaría.

 

Estrategia y conocimiento

El Gobernador de Santander, Dídier Tavera Amado, desde su triunfo en las elecciones sabía que para Director de la Oficina de Gestión del Riesgo tendría que llamar a Ramón Ramírez, un bumangués hijo de padre de Cepitá y madre de Girón. Lo conocía, sabía de sus estudios y de su experiencia.

Ramírez estuvo en el Ejército 14 años. Logró ser el único oficial del Ejército merecedor cinco veces de la medalla Andrés Rosillo otorgada al mejor alumno de la Escuela Militar. Profesional en ciencias militares de la Escuela Militar. Ingeniero Financiero de la Unab egresado Cum Laude​ (con alabanza, con elogio). Con un reconocimiento por ser el segundo puesto en las Pruebas de Estado Ecaes en el componente de solución de problemas. Especialista en operación bursátil de la Unab y la Bolsa de Valores de Colombia. Especialista en dirección de empresas de la Unab.

Oficial del Ejército en uso de buen retiro, egresado como Subteniente del arma de Infantería en el año 2000 de la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba. Tuvo la oportunidad de realizar el curso de Lancero, de Paracaidismo, de Fuerzas Especiales, y de integrar unidades élite en los catorce años en la institución.

Curso en reducción de riesgo y medios de vida, en la Universidad de La Florida, Estados Unidos. Criador de caballos de paso y miembro de la junta directiva de Asocaballos. Gestor cultural y propietario de la Galería Ramírez Sánchez (por una década) ha participado en ferias internacionales de arte llevando artistas de Santander para su promoción.

Tavera Amado puso en manos de Ramírez el clima y sus fenómenos, los sismos y sus afectaciones. Lo que pasara en Santander en ese sentido le correspondía a Ramírez y tendría que responder al despacho del Gobernador en línea directa. Hasta le ayudó con recursos porque los que había apenas llegaban a 500 millones de pesos al año. Ramírez gestiona por su parte más ayudas y más recursos cuando los ha necesitado con el Director General de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres -UNGRD-, Carlos Iván Márquez Pérez. Entre otras le ayudó con los cuatro helicópteros para atender los 22 municipios en donde las llamas consumían la naturaleza.

Ramírez nos contó todo ese proceso. Son poco más de veinte meses de gestión desde que asumió el cargo. Reveló con orgullo que “mi formación en ciencias militares me permitió conocer parte del sistema como es el empleo de tropas, de aeronaves, y cuáles son los protocolos para hacer una atención, el comando de incidentes cuando se reúnen todos estos organismos para que no se cree un caos y que no sepan organizarse, entonces se hace el comando control y comunicaciones. Además me ha tocado estudiar la Ley 1523 del año 2012 que es la que crea el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres”.

“De igual forma en la Unidad de Gestión del Riesgo tenemos una reunión cada dos meses en la cual nos dan directrices, sacan circulares, es una dirección bastante activa, estudiosa, y nos hemos podido acompañar de equipo humano, geólogos, ingenieros civiles, abogados para atender los temas jurídicos, ingenieros hidráulicos, y con todo el equipo operativo se ha aprendido del manejo de motobombas, manejo de equipo para extinción de incendios. Los organismos de socorro son una fuente de conocimiento y experiencia bien importante, y “Nos reunimos cada mes en el consejo departamental de gestión del riesgo en donde se hacen presentaciones, todo el sistema hace parte de una gran estrategia, pero el gran reto es la gestión de los recursos”, dijo.

 

Centro Departamental de Emergencias en Santander

Conocimiento y experiencia que le permiten visualizar a Ramírez que Santander tenga “el Centro Departamental de Emergencias que vale alrededor de cuatro mil millones de pesos, compromiso del Director de la UNGRD, Carlos Iván Márquez, con el gobernador Dídier Tavera, para ser ubicado en las antiguas instalaciones de la Licorera Santander en donde hoy funciona una compañía de instrucción del Inpec, en una zona que será intervenida con el nuevo Intercambiador de Papi Quiero Piña. Santander va a poder contar a partir de la fecha con un centro departamental en donde estará la Sala de Crisis, el centro logístico, el centro de entrenamiento a todos los organismos de socorro, y con esto poder decir que superaremos la inversión en Gestión del Riesgo del año 2016 para lograr una inversión cercana a los 50 mil millones de pesos para Santander”.

Pero a Ramírez no se le olvida que debe trabajar en sociedad, por eso sabe que el Ideam “me puede ofrecer la mejor herramienta que tenemos en este momento en el sistema para podernos acompañar y hacer predicciones en cuanto al pronóstico del clima y poderles decir a todos los organismos y a todos los municipios que muy probablemente tengamos lluvias, que tengamos temporada seca, y esto recuerda que los riesgos enunciados se puedan presentar”.

“Con el Ideam se adelanta en Santander la instalación de unos equipos adicionales para tener una mayor precisión, y en el caso del área metropolitana planteamos una inversión en sistemas de alertas tempranas para poder tener en cuenta no solo lo que es el río de Oro, el río Frío, sino también el río Charta, el río Suratá y el río Playonero, que tienen expuestos a la mayor cantidad de personas. Los riesgos son mitigables o no son mitigables. Cuando no son mitigables estas zonas deben ser evacuadas, tiene que haber una reubicación, y cuando son mitigables tiene que haber una intervención, unas obras civiles o unas acciones, siempre el riesgo se calcula en dinero”, explicó.

Según el Director de Gestión del Riesgo de Santander la oficina que recibió fue “organizada, con tres pilares claros para trabajar en conocimiento del riesgo, reducción del riesgo, y manejo del desastre, y con unos funcionarios que tienen la experiencia para poder recibir a un nuevo Director y acompañarlo en los procesos que vienen”.

Sabe que en Santander “tenemos picos históricos de lluvias con periodos de retorno de quince años, de veinte años, que generan repetidas afectaciones, y por eso vemos por ejemplo en la zona de San Gil y Charalá los daños, porque lo que se esperaba que lloviera en dos meses ha llovido en dos días. El suelo se satura y se generan las afectaciones”.

Dijo que “la tranquilidad es que Santander es hoy menos vulnerable y lo debe ser cada día más. La meta de Gestión del Riesgo es buscar comunidades más resilientes, mejor preparadas, menos vulnerables. Preparamos a las familias, los colegios, los niños son los primeros brigadistas. Debemos tener en casa el plan de evacuación familiar, conocer los puntos de encuentro en caso de que algo extraordinario se presente, tener la mochila de emergencia lista que nos garantice poder salir y sobrevivir las primeras 48 horas, donde estén copias de los documentos, copias de los carnés de servicios médicos, una linterna, un radio, porque lo más probable es que se emitan mensajes radiales. Hemos incluido nuevas tecnologías, simuladores de sismos, hemos concientizado a las familias santandereanas de incluir en la cultura ciudadana esa capacitación”. El riesgo es que lo quieras olvidar.

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