Cambiar la historia depende de nosotros. Religión vs política

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[:es]Columna de Laura Jaimes Muñoz, Psicóloga / ¿Dios hace su santa voluntad o se hace nuestra voluntad  diciendo que es la de Dios? ¿Si estamos en la disposición de hacer su voluntad en cualquier circunstancia?

Complicada situación, más cuando se buscan objetivos propios que se anteponen a los objetivos del colectivo, donde todo vale, hasta lograr decir lo que la gente quiere escuchar; ese es el poder de la palabra.

Debido a esto, cuando los líderes o políticos incluyen en su discurso un poder superior, como es el que representa la religión, mezclándolo con la política, da miedo y se puede recordar la frase, muy escuchada, “el fin justifica los medios” atribuida a Nicolás Maquiavelo, aunque yo preferiría decir, tal como dijo Nelson Mandela  “ningún fin justifica los medios”.

Sin embargo, en la realidad que vivimos, ningún discurso está libre de crítica y resulta fácil persuadir a la gente, por lo que no queda mucho para rescatar, salvo lo que todos queremos escuchar: Rescatar los valores y principios que se han perdido en nuestra sociedad.

En estos días, los hijos no respetan a los padres y los padres no respetan a los hijos, no hay autoridad o entra en conflicto con el amor, el libre desarrollo de la personalidad nos confunde y observamos que cada día aumenta la falta de respeto, tolerancia, humildad, amor, lealtad, justicia, responsabilidad… Esto resulta angustiante para muchas personas, entre ellas los padres, los adultos y en parte los adolescentes.

Eso se percibe en la atmósfera, y siempre hay alguien que lo proyecta mal o bien; todo depende de quien se aproveche del momento y logre persuadir a la gente con este “discurso religioso” que encubre tantas injusticias morales y sociales de ricos y poderosos.

Así, la religión combinada con la política es un arma poderosa, pues mediante el temor y el deseo de vislumbrar un cambio convence, pero al mismo tiempo comete los mismos errores y llega al mismo circulo de perdición que la politiquería de este país y de aquellos líderes que han dejado su marca en el deterioro de los recursos dando como resultado el desempleo, la violencia, la corrupción, la desigualdad social y el deterioro de la salud, casi hasta el punto de llegar a perder todo.

Esto da miedo, y más todavía ante la posibilidad de llegar a parecernos a otro país, como en este caso Venezuela.

Ante todo eso, se dice que se necesitan personas con principios y valores que hagan respetar la autoridad y ahí es donde aparece la religión; pero entonces, ¿la religión es mala cuando se combina con la política?

En mi concepto no, al contrario es una buena práctica de quienes la realizan; entonces, ¿qué sería lo malo? ¿Serían las personas que utilizan la fe para lograr sus objetivos? puede ser, Por qué no más bien miramos las personas desde su calidad humana, que sus actos sean los que hablen, que sus valores y principios sean los que hayan logrado dejar huella en su paso por la comunidad, por su servicio al pueblo.

Que estas personas hayan realizado buenas obras y proyectos, desde su contexto, y que tengan claro que el ser humano es primero, el ejercicio de la política es el servicio y esto sea lo más importante, no sus objetivos personales con discursos convincentes o agresivos (la agresividad no es autoridad o respeto).

Líderes hay muchos pero con resultados muy distintos; por ejemplo, Hitler y Mandela, ambos fueron líderes, sus actos, muy diferentes, dejaron una huella que hace que se recuerden por esos actos. Por esto, se puede concluir que hay dos clases de personas, las que hacen cosas buenas y las que hacen cosas malas.

A partir de esto, y retomando la pregunta anterior, ¿la religión es mala cuando se combina con la política? La respuesta es “no”. Son las personas las que aprovechan la religión para persuadir a los demás y lograr sus objetivos; es mejor pensar tal como decía Abraham Lincoln: “Si hago el bien me siento bien, si hago el mal me siento mal, esa en mi religión”.

¿Cómo se puede lograr cambiar una historia de dolor, de violencia, de inmediatez? Pensemos en las consecuencias negativas que se producen al obtener nuestras metas de una manera rápida, y no como debería ser con esfuerzo, tiempo, y disciplina.

No esperaríamos mucho de personas que nos prometen el “cielo” una y otra vez, ya que estamos conscientes que si queremos “casa, carro y beca”, debemos trabajar para lograrlo y no esperando que un “político” nos prometa lo que no puede cumplir o cumple a un costo muy alto para nosotros.

No debemos confundir religión y política, la política es la base de la interacción del ser humano y la religión es la fuerza que nos mantiene viva la fe.[:]

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