La metida de patas de ‘pote’ Gómez que es considerada por los liberales como “traición”

[:es]Días previos a iniciar su gobierno, Rodolfo Hernández Suárez cogió de ‘sparring’ a tres concejales del partido liberal. A Henry Gamboa Meza, Uriel Ortiz Ruiz y Jaime Andrés Beltrán, los acusó de clientelistas, de ser -en los últimos años- los amos y señores de la Dirección de Tránsito, la Secretaría de Educación y del Instituto Municipal de Salud (Isabu), respectivamente.

Según el mandatario bumangués, en esos despachos no se movía una hoja si no se tenía el aval de los corporados, a quienes acusó públicamente de ser clientelistas y politiqueros, de haberse aprovechado de esas dependencias para acrecentar su caudal electoral y de haberse enriquecido gracias a las CPS y contratos que sacaban de allí. Pese a que los tres le pidieron presentar pruebas de las acusaciones, el alcalde nunca apareció con ellas.

Luego, en el segundo semestre de ese primer año de mandato, Hernández decidió irse lanza en ristre contra toda la clase parlamentaria, principalmente la liberal. Incluso, en las visitas a Bucaramanga del Presidente Juan Manuel Santos, no se presentó en las actividades por considerar que no compartiría el mismo escenario con congresistas como Jaime Durán Barrera y Édgar Gómez Román. A ellos los volvió a tildar de ser los autores de la corrupción que afrontó en los últimos tiempos la capital santandereana.

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El alcalde –como estrategia trazada por sus dos asesores argentinos, dueños de ‘La Cocina Hot Work’- ha intentado armar polvorines políticos bajo el precepto de ser el dueño de la lucha contra la corrupción. Él sabe que el desgaste sufrido por el liberalismo es una oportunidad para ganar imagen ante la opinión pública y entre más los desprestigie, su pequeño grupo de opinadores le hacen reverencia en los medios de comunicación y redes sociales.

Por eso no dudó en quitarle el puesto de gerente del Terminal de Transportes de Bucaramanga, a su opositor político, el concejal liberal Wilson Mora Cadena, que después de una auditoría, en concierto con la junta directiva de la entidad, sacaron por la puerta de atrás al funcionario que llevó a la cúspide a esa empresa, convirtiéndola en paradigma de los terminales de transporte del país.

El odio por los liberales ha sido evidente. El alcalde ha anunciado que los hundirá y les “acabará” sus empresas electorales. Incluso a Horacio Serpa –con el último con quien se metió a pelear para desviar la atención de la lluvia de críticas por el contrato leonino que piensa suscribir con la cuestionada empresa Vitalogic RSU- le anunció que lo derrotará en las próximas elecciones. Una actitud pendenciera que en nada le ha servido al desarrollo de la ciudad.

 

La traición del ‘pote’

A Édgar Gómez Román, un representante a la Cámara liberal con una escasa o nula visibilidad de su labor parlamentaria, se le olvidó que durante toda la pasada campaña a la alcaldía y en lo corrido del gobierno de Rodolfo Hernández, éste los ha tratado de las formas más bajas y ruines que se hayan visto en el escenario político regional.

Que el liberalismo no le haya entregado aval para su candidatura y que el exalcalde Luis Francisco Bohórquez, con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) le haya cerrado el chorro en los cerros orientales para que su empresa HG Constructora siguiera urbanizando el único y último pulmón de la ciudad, hizo que Hernández declarara su enemigo personal a todo aquel que se diga liberal y tal vez, por eso quiere desterrar de la ciudad a todo dirigente ‘rojo’.

El olvido del ‘pote’ es imperdonable, el lunes anterior se sentó a manteles con el alcalde y como si fueran los grandes aliados políticos, validó las acciones de su administración, dejando mal parados a los 10 concejales que han intentado, con pericia y algo de orgullo, enfrentar los ataques del mandatario.

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La bancada liberal en el Concejo volvió a los tiempos del control político, ha denunciado algunos malos manejos de la agenda pública de los secretarios de despacho, la débil inversión social, el incremento de la inseguridad, del caos de la movilidad y de la escasa gestión de recursos. La reunión a la que asistió el congresista, junto con su colega el Representante Miguel Ángel Pinto, no solo dejó un mal ambiente al interior del Partido Liberal, sino que trajo consigo un tufillo de traición.

Aunque los concejales no han salido a criticar públicamente la actitud inconveniente de los ‘jefes’ liberales, si han comentado a sus asesores cercanos que sentarse a manteles con Hernández es una prueba más que los arreglos se hacen por arriba y que a ellos solo los ponen de “carne de cañón”. Incluso, el propio senador Horacio Serpa no vio con buenos ojos que sus copartidarios “le rindan pleitesía” al gobernante que anunció borrarlos políticamente de Bucaramanga.

 

Mora, el que pierde más

El concejal Wilson Mora –en términos políticos- fue el más traicionado, toda vez, él hace parte integral de la estructura electoral del ‘pote’. Muchos consideran dentro de la colectividad roja que con la reunión, Gómez Román lo hizo quedar mal.

Sin embargo, el propio concejal ha intentado bajarle la temperatura al tema, justificando que “entonces el camino es castigar la ciudad por las irresponsabilidades del mandatario de turno, a quien también le reprocho su proceder y actuar en contra de la dignidad de muchas persona. Pero el camino entonces es guerra total. Recuerden que como lo dijo Gaitán, el político no es un hombre, es un pueblo”.

Expuso que “quienes los representamos (al pueblo) tenemos que estar dispuestos a que lo que representamos esté por encima de lo que somos (…) No cargo ningún odio ni rencor con el alcalde, ese es el problema de él, su forma de ser. Pero si tengo que buscarlo para solucionarle algún problema a la comunidad, lo haré y si tengo que aplaudirle las buenas gestiones que pueda realizar, lo haré”.

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Aclaró que, “acá hemos llegado al punto que todo es malo y nada sirve. Si hacemos control político, malo; si no hacemos, malo; si los parlamentarios se reúnen con el mandatario de turno, malo; si no se reúnen, malo, si denunciamos es por qué estamos ardidos y si no lo hacemos es por qué estamos arrodillados”.

Mora, en forma de reflexión, indicó que “los orgullos personales quedan enterrados y así no estemos, ni estaremos de acuerdo con el perfil del alcalde que no tocó, se debe busca lo bueno que tenga para que entienda que primero está la ciudad y la otra Bucaramanga emergente que hasta el gobierno pasado sentían que había una alcaldía que trabajaba por ellos”.

Pese a las explicaciones del corporado, el resto de fuerzas liberales sienten que ese es el normal comportamiento de Édgar Gómez Román, a quien no le importa venderle el alma al diablo para lograr su objetivo y “cree que arrodillándose y perdiendo el orgullo, le van a tirar unos puestos y unos contratos, pero no va a ser así”, dijo un importante dirigente liberal que pidió la reserva de su nombre.

Gómez Román debería dar las explicaciones de sus actos, pero es claro que él nunca justifica nada, hace lo que quiere. Ni siquiera informa que labor hace en el parlamento y cree que con su elección, los ciudadanos le validan cuatro años de vacaciones.[:]

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